El libro del Picaflor
Picaflor, ¿qué me dice de la derrota de Uruguay?
Vergonzosa. Humillante. Histórica. Una nueva derrota que confirma la debacle del fútbol uruguayo y la evolución de los venezolanos que, con humildad, han aprendido que sólo con trabajo se crece en la vida. Acá, hay personas que se creen que se la saben toda, que inventaron el fútbol y la pelota, no han tenido humildad, han descalificado a otras personas que, por el solo hecho de pensar diferente, se jactaban de ellos.
Usted lo dice por Juan Ramón Carrasco.
Carrasco tiene su gran cuota de responsabilidad, pero no es el único. Detrás de él están encolumnados los dirigentes que lo designaron al grito de la tribuna sin analizar trayectoria, antecedentes como entrenador, que apostaron a un proyecto que no tiene lógica ni asidero táctico.
Pero ahora nadie quiere asumir la responsabilidad, ¿no?
Carrasco asumió la responsabilidad en la conferencia de prensa pero sabe que esto es muy curioso. El técnico dice que él es el responsable de la más humillante derrota que ha sufrido la Selección nacional en toda su historia, pero no pierde nada, no le rebajaron el sueldo, no le quitaron los viáticos, nada. Así es fácil asumir responsabilidades, ¿no?
¿Y qué va a pasar con JR?
Como dicen los gurises ahora, «JR ya fue». Tiene menos fondos que el Banco Mercantil del Río de la Plata. El Picaflor ya se lo había adelantado hace varios días. Es más: con un empate, la permanencia del técnico de la Selección iba a quedar muy cuestionada, así que, con semejante pesto y goleada, con la humillación que nos propinaron los «venezolanitos», está por demás claro que JR es boleta. ¿Quién va a respaldar a un técnico con la soberbia y falta de autocrítica de Carrasco?
Carrasco fue rehén de su discurso.
Exactamente. Habló demasiado. Se «piró» cada vez que estuvo ante las cámaras oficialistas (Pasión, Punto Penal, Gol a Gol y La Hora de los Deportes), ningún colega le tiró el saco por la espalda para ponerle el cable a tierra; divagó, soñó despierto, descalificó a verdaderos maestros del fútbol, a gente que ha ganado mucho y él, que no le ganó a nadie, murió como tenía que morir: en el cadalso. Hay datos que surgen de las estadísticas y que son irrefutables: Juan Ramón Carrasco es el técnico más goleado en los últimos 30 años del fútbol profesional del Uruguay. No ganó nada importante (una Liguilla con Fénix y un descenso con Rocha FC después de dos temporadas muy pobres). Con esas pobres credenciales, está clavado que los mayores responsables de este fracaso bochornoso son los neutrales que lo eligieron. Los neutrales, con Figueredo a la cabeza, son los padres de la humillación que sufrimos con Venezuela, por haber elegido a un entrenador inexperiente, verde, soberbio, polémico que, como jugador y técnico, nunca le ganó a nadie. *
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