El libro del Picaflor
–Troquílido, ¿usted sigue con vida?
–Vivito y revoleteando las alas.
–¿ Tiene alguna bombita para cerrar la semana?
–Una que no tiene desperdicios. ¿Usted sabía que Peñarol hizo ayer una fiesta muy coqueta del lanzamiento del nuevo sponsor?
–Perdóneme, si esa era la bomba que tenía para hoy, más que una bomba es un fiambre. ¡Hasta en el Diario Oficial salió esa noticia!
–Baje las revoluciones y no vuele que su soberbia causa desagrado. Lo que El Picaflor tiene para contarle, no está vinculado a la fiesta en sí –de eso se encargaron otros compañeros de sección– sino de las paradojas que se dan en este fútbol uruguayo.
–Cuente, cuente.
–Como ocurrió en el partido del pasado sábado por las Eliminatorias, hay indicios irrefutables que, los revendedores de entradas están con un súper stok para el clásico y van a hacerse la América nuevamente.
Ayer, al mediodía, con total desparpajo, a escasos metros de las boleterías del Palacio Peñarol, donde quedaban las últimas Olímpicas por ejemplo, los revendedores se paseaban de arriba para abajo, ofreciendo Tribunas Amsterdam a $ 100, un 40% más caras. El colmo fue, cuando uno de los revendedores, le ofreció una Amsterdam a un dirigente de la AUF que asistió al evento, sin darse cuenta a quién le ofrecía la entrada.
–¡No me diga!
–Cuando el hombre se dio cuenta que se trataba de un dirigente de la AUF, se escabulló entre el público y se perdió de vista. A los pocos minutos, cuando las aguas volvieron a la normalidad, reanudó su pingüe negocio…
–Dígame una cosa, Troquílido, ¿por qué la Policía no detiene a los revendedores? ¿Por qué trabajan con tanta impunidad «robando» a la gente?
–Vayamos por parte. Hace un tiempo, El Picaflor se refirió a este mismo tema y le explicó lo que, un juez penal, le comentó al respecto. La reventa de entradas, no está penalizado por el Código Penal. No hay ninguna norma que lo prohíba. Es como si usted compra un buzo a cien pesos y luego lo revende al doble. La Policía lo único que hace cuando se percata que los revendedores merodean por las adyacencias del Centenario, los dispersa y aleja de las bocas de entradas. Más de eso no puede hacer. Para terminar con esa jodita descomunal, los legisladores tendrían que modificar el Código, por ejemplo, como lo están haciendo actualmente con el juego de la mosqueta que antes no estaba penado y en poco tiempo más será considerado un dolo.
–Pero los revendedores, ejercen un comercio informal. No pagan al BPS ni a la DGI.
–¿Usted conoce a algún comerciante, empresario o trabajador, que vaya preso por no pagar al Banco de Previsión Social y/o a la Impositiva?
–Sinceramente, no conozco a ninguno que haya pasado por esa situación.
–Lo que pasa es que usted confunde gordura con hinchazón. Una cosa es no cumplir con el pago de impuestos y tributos y otra es cometer un delito.
El no pago de impuestos se transforma en dolo, cuando la evasión se hace estafando al fisco. Ahí sí, corresponde que la Justicia Penal actúe, pero por revender entradas en el Centenario nadie va a preso, aunque todos saben que el negocio lo administran unos pocos vivos que ponen a trabajar a más de sesenta personas en los partidos de convocatoria.
–¿Cuántos revendedores pueden «trabajar» en un partido?
–De acuerdo a cálculos que se han hecho en la AUF, en forma extraoficial, en partidos de mucha convocatoria, han llegado a contabilizar más de sesenta personas revendiendo entradas. A algunos de los cabecillas, lo tienen identificados pero, como la Policía no puede actuar, no les pueden hacer nada.
Quédese tranquilo que mañana, porcentualmente, van a ganar más los revendedores, que Peñarol y Nacional, por la venta de entradas. Este embrollo, algún día, tendrá que cambiar.
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