El jugador número 12
Un partido de fútbol dura noventa minutos, pero la fiesta de la hinchada, del pueblo celeste, duró mucho más. Comenzó después del almuerzo, que sirvió como gran excusa para juntarse bien temprano antes de salir para el Estadio, se consolidó en la cancha con el juego de los uruguayos y culminó de noche cuando cada alma que fue al Centenario se marchó hacia su casa, cantando en voz baja y con la alegría del triunfo.
El movimiento en las calles montevideanas en las primeras horas del sábado fue inusual. Muchos autos, motos y otros vehículos se embanderaron con los colores uruguayos.
Las puertas del Estadio Centenario abrieron a las dos de la tarde y para ese entonces ya había parciales esperando para ingresar al coloso de cemento, pese a que el encuentro comenzó a las cinco. Es que la impresionante venta de entradas en los días previos hacía pensar en un lleno total y por tal motivo la llegada tempranera era de rigor. Pero además fue un sábado distinto, porque la gente mostró un entusiasmo que se contagió después a los jugadores en la cancha. Y la alegría se prolongó durante todo el resto del día.
Tribunas. Las tribunas que comenzaron más rápidamente a vestirse de fiesta fueron la Amsterdam y la Colombes. La majestuosa Olímpica tampoco se quedó atrás. A medida que ingresaba la gente, fueron quedando «tapadas» por las 40 mil banderas que se regalaron a la entrada.
A voluntad. Las caras pintadas costaron 1, 2, 3 pesos o lo que se pudiera dar. Una gran cantidad de personas en los alrededores del Estadio y tarritos de pintura celeste y blanco mediante, ofrecían colorear el rostro de los hinchas a un costo voluntario.
Excursionistas. Los chilenos llegaron y en un buen número al Centenario. Cuatro ómnibus turísticos llenos y además varias camionetas con trasandinos hasta en el techo de los vehículos. Realmente increíble. Provenían de varias partes de Chile, no sólo de Santiago.
Multicolor. En las distintas tribunas del Estadio Centenario se pudieron apreciar muchas banderas de distintos clubes de nuestro medio. La mayoría era de color celeste pero también se vieron las de Tacuarembó F.C, Progreso, Bella Vista, Danubio, Defensor, Huracán Buceo, Larrañaga en básquetbol y por supuesto las de Nacional y Peñarol. Una gran bandera de Uruguay flameó en la Colombes.
Altavoces. Cuando los altavoces repasaron la alineación de Uruguay para el partido, los más aplaudidos y vitoreados fueron Recoba y Montero. Desde la Colombes, donde supuestamente estaban los hinchas de Nacional, comenzaron con el clásico Olé, Olé, Olé, Olé, Chino, Chino. Y la Amsterdam, donde estaba el grueso de hinchas carboneros cantó: «Paolo, Paolo, Paolo».
El «Soy celeste, soy celeste» apareció recién a los 33 minutos del primer tiempo. Enseguida se escuchó «Hay que saltar, hay que saltar, esta es la hinchada de Uruguay». La Amsterdam no escatimó esfuerzos a la hora de pedir al Tony Pacheco.
Rechiflas. Las rechiflas generalizadas y más grandes de la tarde se la llevaron Nelson Acosta, cuando se anunció su nombre como técnico de los chilenos y el juez Troxler. A pesar de haber ganado, la gente se quedó bastante calentita con el «paragua».
«Un minuto». ….de silencio para Chile que está muerto, fue lo que cantó todo el Estadio a falta de tres minutos para que culminara el match. La fiesta de fuegos artificiales del final fue la frutilla de la torta.
La gente se fue del Centenario tranquila. Cantando en voz baja alguna de sus marchas preferidas de la selección uruguaya.
Poco a poco todo fue quedando en la normalidad, el bullicio se fue apagando, pero lo más importante es que fue una fiesta de principio a fin. El hincha que fue ayer al Estadio con todo el entusiasmo previo, no se fue defraudado, en cambio se quedó con ganas de ver más y póngale la firma que para el próximo encuentro, vuelven todos.
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