Uruguay paso a paso

Gran confianza tenían los futbolistas de la Selección de Uruguay antes del encuentro que finalmente ganarían ayer. Los jugadores hicieron bromas y chistes tanto en el Hotel Posta del Lago como en el ómnibus que los transportó a la ciudad de Montevideo. En el hotel los jugadores escuchaban música del grupo uruguayo «Los Fatales», para distender los nervios previos al tercer encuentro por la Eliminatoria mundialista Japón – Corea del Sur 2002. A las 14 horas llegó al Estadio Centenario el camión que transportó la utilería del seleccionado nacional y a las 14.16 partió el ómnibus de Uruguay desde la Posta del Lago. Viajaron a aproximadamente 120 kilómetros por hora en la ruta, custodiados por guardia policial motorizada. A medida que se acercaban a la capital de la República, la caravana de vehículos era cada vez mayor, acompañando al ónmibus celeste con bocinazos, banderas, camisetas y cornetas, mientras que otras personas saludaban desde el costado de la ruta y las calles. También la velocidad del ómnibus iba disminuyendo a medida que entraban a la ciudad. El ómnibus tomó por la Ruta Interbalnearia. A las 15.28 horas llegó el autobús (matrícula número 55.518 de la compañía Marcil) al Estadio Centenario y los futbolistas fueron recibidos por el calor de la afición uruguaya que concurrió ayer a verlos. El primero en bajar y emprender camino al vestuario locatario de la Platea América fue el entrenador argentino Daniel Alberto Passarella y el último en dejar el vehículo fue el zaguero de Nacional Daniel Alejandro Lembo. Todos fueron saludados por los hinchas allí presentes, que esperaban con ansiedad la llegada de sus ídolos. Rápidamente los jugadores se metieron al vestuario, adonde se hizo imposible acceder antes, durante y después del encuentro.

Después del partido

Cuando el árbitro paraguayo Robert Troxler, que fue secundado desde las líneas por sus compatriotas Néstor González y Cecilio Bejarano, dio el pitazo final del cotejo, la gran alegría se desató en el campo de juego y en las tribunas, en un Estadio Centenario que tenía más de 60.000 almas. Los jugadores se abrazaron dentro del campo de juego y continuaron en un vestuario donde se hizo imposible entrar para LA REPUBLICA y los demás medios de prensa.

Los futbolistas salieron uno por uno y la mayoría se fue en el ómnibus, mientras que otros integrantes del plantel se retiraron del monumento histórico del fútbol mundial en sus vehículos particulares.

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