Uruguay ganó sufriendo, como para no perder la costumbre
Contra Bolivia era indispensable ganar. Uruguay no jugó bien colectivamente, pero dependiendo de algunas de sus figuras individuales, obtuvo un triunfo muy difícil, sufriendo hasta el último instante. Ante Chile era indispensable ganar, tanto como frente a los del Altiplano. Los celestes tampoco aparecieron con el funcionamiento debido, aunque se mejoró en ese sentido, pero, basados en excelentes rendimientos de varios de sus hombres, volvieron a llevarse los tres puntos, de la misma manera, con el agua al cuello hasta que el horrible juez que es el paraguayo Robert Troxler señaló el final del encuentro de la víspera. Por ahora se va cumpliendo «con la obligación», que es triunfar cuando jugamos en nuestra casa. Estamos en carrera y eso es lo positivo, por encima de un análisis no demasiado optimista como el que pasamos a realizar a continuación.
Un partido duro, nervioso
Al minuto llegó el primer susto para nuestro equipo cuando Zamorano se fue solo y Carini salvó en el mano a mano. Fue un descuido defensivo importante, que dejó mudo por unos instantes al enfervorizado público compatriota. Pronto se vio la intención celeste. Atrás, Paolo con Zamorano y Lembo o Méndez o Darío Rodríguez con Salas, según por donde entrara el movedizo goleador de la Lazio. Siempre quedó un hombre sobrando. Pablo García se situó delante de los zagueros, por la zona central, apuntalando con su impresionante despliegue a O’Neill, ubicado en la derecha, Olivera, más al medio, y Guigou, sobre la zurda, éste alternándose con Darío Rodríguez en las invasiones por ese costado. En ataque, Recoba generalmente por el centro, Darío Silva picando permanentemente por todo el frente de ofensiva y las subidas de Méndez por derecha, practicadas con fuerza y decisión.
El conjunto trasandino se paró como estaba previsto, con Rojas, Vargas, Reyes y Olarra en su línea de retaguardia, Villaseca como volante central, con Galdames a su costado. Estay y Tello tuvieron a su cargo la construcción del juego colectivo, aunque tuvieron que retrasarse mucho ante la presión uruguaya, por lo que Zamorano, siempre peligroso, y Salas, que apareció muy pocas veces, quedaron bastante desconectados de sus compañeros.
El partido se planteó con muchos nervios por parte del equipo celeste, que en su ansiedad por definir rápidamente la lucha quiso llevarse por delante a su rival y se apuró demasiado, perdiendo precisión en las entregas. De todos modos, por muchos pasajes sitió a los visitantes en su última zona, creando situaciones de peligro que, lamentablemente, no se concretaron por errores de definición. Pensamos que en líneas generales se mejoró con respecto a lo hecho contra Bolivia, aunque el funcionamiento aún es preciso ajustarlo para enfrentar los duros acontecimientos que se presentarán.
En los últimos 10 minutos del tiempo inicial surgieron las mayores emociones del lance. La apertura con un derechazo espectacular de Darío Silva, y poco después el empate en acción insólita, cuando el juez primero cobró corner y luego, a instancias del línea Bejarano, sancionó penal por mano del mismo Silva. No hay discusión en cuanto a la infracción, que se produjo, pero lo insólito fue la forma en que la pena fue sancionada por el árbitro.
Sí objetamos el foul que cobró el árbitro a O’ Neill en la acción previa, que a nuestro juicio no existió. Y en momentos que el ánimo de todos los orientales estaba por el piso, llegó el segundo y a la postre definitivo, por obra de Montero, al recoger un rebote del arquero Tapia que no pudo retener un fuerte disparo de Guigou.
Fue un bálsamo como para afrontar el complemento con otra tranquilidad.
Errar goles se paga con angustias
Uruguay siguió en la ofensiva después del descanso procurando aumentar su ventaja, pero fallando en el momento clave, el de la definición, y pagando con sustos, como el que nos dio Salas antes del cuarto de hora, entrando por detrás de los zagueros –en posición dudosa– y tocando apenas desviado a la derecha de Carini. En los celestes superaron su rendimiento Guigou y Pablo García –un fenómeno otra vez– y algo O’Neill, pero descendió paulatinamente el de Olivera, al tiempo que Recoba, muy activo, estaba llamativamente impreciso.
Se perdieron situaciones claras, una del «Chino» imposible, y poco a poco Chile fue saliendo de su encierro, aprovechando cierto cansancio en la media cancha uruguaya –creemos que Passarella debió hacer alguna variante en ese sector–, aunque a los rojos les faltó profundidad para el hermoso toque, que han tenido toda la vida, que realizan desde su zona defensiva hasta la intermediaria rival.
Pese a esa falta de punch del adversario, los celestes sufrieron –ellos y los aficionados– hasta el final, que llegó en medio de la euforia de los futbolistas, el cuerpo técnico y las tribunas, que sólo dejaron salir su alegría cuando el sufrimiento se los permitió.
Se ganó bien, con justicia. Se levantó un poco el nivel, pero hará falta mucho más para salir adelante. Se viene Brasil, al que enfrentaremos con ánimo levantado y sin la responsabilidad que tuvimos ayer.
Después estaremos nuevamente ante la obligación de ganarle a Venezuela y Perú, aunque para eso hay mucho tiempo por delante todavía.
Bastión inexpugnable del medio de la cancha. Pablo García, aplicado tácticamente, fue pieza fundamental, anulando a jugadores como Fabián Estay. (Fotos de Fernando González)
URUGUAY
F. Carini: no salió nunca, aunque algunas veces debió hacerlo. Salvó un gol al comienzo frente a Zamorano.
G. Méndez: lo mejor que le hemos visto en la selección. Ofensivamente fue incontenible. Uno de sus clásicos excesos lo deja fuera del partido con Brasil.
A. Lembo: ratificó su buen momento. Excelente.
P. Montero: después de una distracción inicial, fue impasable.
D. Rodríguez: buena gestión, aunque todavía le falta fútbol.
P. García: la figura del encuentro. Un león en el mediocampo.
F. O’Neill: flojo. No está bien físicamente.
N. Olivera: bajo. Se quedó demasiado con el balón y lo perdió.
G. Guigou: cuando encontró ubicación adecuada en la cancha, fue importantísimo. Muy bien.
A. Recoba: empeñoso como pocas veces lo hemos visto, pero impreciso con el balón. Erró un gol en forma increíble.
D. Silva: el mejor de arriba. Creó brechas siempre. Un error en la mano del penal.
D. Alonso: entró y las corrió todas. Un remate peligroso.
G. Giacomazzi: dos minutos en la cancha.
CHILE
N. Tapia: en general bien. Sin culpa en los goles.
R. Rojas: problemas ante las subidas de varios celestes por su zona.
J. Vargas: los piques de Darío Silva le complicaron las cosas.
P. Reyes: peligroso arriba y fuerte en su área. Buen valor.
R. Olarra: con O’Neill se defendió pero Méndez lo desbordó.
M. Villaseca: se hizo fuerte en el medio. Pegó mucho.
P. Galdames: toque preciso y esfuerzo discreto en la marca.
R. Tello: habilísimo. Dejó helado al Centenario con un tiro libre que lamió un vertical de Carini.
F. Estay: sabe con la pelota y trabaja muchísimo.
I. Zamorano: peligroso, aunque la pelota le llegó poco.
M. Salas: hizo poco, pero casi «nos vacuna».
S. Rozenthal: se afilió al toque chileno de los últimos minutos.
C. Núñez: sin tiempo para nada.
URUGUAY 2
Fabián Carini (5)
Gustavo Méndez (7)
Alejandro Le
mbo (7)
Paolo Montero (7)
Darío Rodríguez (6)
Pablo García (8)
Fabián O’Neil (4)
Gianni Guigou (4)
Nicolás Olivera (5)
Alvaro Recoba (5)
Darío Silva (6)
D.T.: Daniel Passarella
Suplentes: Adrián Berbia, Leonardo Ramos, Fabián Coelho, Federico Magallanes, Antonio Pacheco. Cambios: 81′ Diego Alonso (-) por Darío Silva y 89′ Guillermo Giacomazzi (-) por Alvaro Recoba.
CHILE 1
Nelson Tapia (6)
Ricardo Rojas (5)
Jorge Vargas (5)
Pedro Reyes (6)
Rafael Olarra (5)
Marcos Fillaseca (7)
Pedro Galdares (5)
Rodrigo Tello (6)
Fabián Estay (6)
Iván Zamorano (6)
Marcelo Salas (5)
D.T.: Nelson Acosta
Suplentes: Marcelo Ramírez, Claudio Maldonado, David Enríquez, Héctor Tapia, Joel Reyes. Cambios: 68′ Sebastián Rozenthal (6) por Rafael Olarra y 86′ Claudio Núñez (-) por Fabián Estay.
Goles: 36′ Darío Silva; 39′ Iván Zamorano (de Penal); 42′ Paolo Montero.
Jueces: Robert Troxler (4); Néstor González y Cecilio Bejarano (Paraguayos).
Tarjeta Amarilla: 24′ G. Méndez (U)
Cancha: Estadio Centenario
Público: 70.000 personas
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