Pura sangre roja y azul
Rostros y miradas de mil batallas, dientes apretados y una gran historia a cuestas, hicieron posible el retorno a Primera División de Goes. Para esta conquista de la que ni propios y extraños creían, barrieron en cancha propia y ajena a Urunday Universitario y Sayago en play off 2-0.
Goes conformó un plantel de costo económico acorde a la realidad del club, debiendo recurrir a jugadores e incluso a gente que cumpliera funciones dirigentes, identificadas con la causa roja y azul, que en definitiva resultó ser una mezcla perfecta.
Candidato no era para nadie, menos aun si a horas de finalizar el período de pases Goes no sabía si competía. Esto justifica y hace más grande el éxito en base a un mayor esfuerzo, en comunión con una parcialidad que se identificó con el equipo con el correr de los partidos, porque entendió que todo era en base a sacrificio. Pues bien, Goes llegó a Primera, y hubo quienes realmente afrontaron la situación y que se animaron a ser de Goes en serio, y no rehuyeron a la causa.
Hablando el mismo idioma
Una de las situaciones más increíbles fue la llegada del entrenador, Juan Carlos Alonso, que estuvo a punto de dirigir a Stockolmo, arregló con Goes y jugó la final ante el equipo de sus amores; Sayago. Un técnico que no se viste de saco y corbata, pero lo más importante fue que en cada minuto de tiempo, más allá de las tácticas y sistemas, habló el mismo idioma con sus jugadores y hasta compartió las virtudes y errores en cada jugada.
«Esto fue producto de la entrega del plantel y del diálogo constante que hubo desde el primer día con los dirigentes. Terminé sorprendido realmente, pero también creo que es válido decir que el equipo creció mucho en los momentos decisivos. Mi relación con el plantel fue directa, fluida, que eso puede traer contrapartidas porque a veces uno no sabe ubicarse en su lugar, pero cuando nos fuimos entendiendo y dándonos cuenta de lo que queríamos fuimos cimentando todo. Acá no fue una cuestión de venir a tirar al aro simplemente en las prácticas, sino que se entrenó y fue la clave este éxito alcanzado».
Un salvador
No menos importante fue el arribo de Sergio Mancebo. La «bruja» con casi dos años de inactividad, sin recordar casi de qué color era le pelota, llegó, jugó y fue el goleador de las finales. Fue tan importante en ellas, como en aquella helada noche sabatina cuando sus dos libres le dieron el triunfo ante Nacional. Claro que la obra cumbre fueron los puntos convertidos ante Sayago en los dos partidos, resaltando su calidad y una mano picante como pocas.
«El salvador fue el equipo, nada más, fue la conjunción de los compañeros y el cuerpo técnico. Evidentemente uno es una parte importante, pero sin el equipo no se pueden conseguir los objetivos. Es verdad que tuve mucho tiempo inactivo, pero también hubo un mérito de mi parte en haber entrenado solo luego, agradeciendo también a Humberto Barros por haberme permitido entrenar tres meses en Yale, donde estuve a punto de jugar. Después vino el llamado de la gente de Goes, y por el amor que uno siente por esta camiseta acordé mi regreso. Es el tercer ascenso que tengo, pero es el mejor de todos porque por primera vez en el club hay una mancomunión entre los jugadores, dirigentes y la gente, algo que antes no pasaba. Este es el triunfo de la humildad y el trabajo».
El doctor campeón
El doctor Gumer Pérez se hizo cargo de la presidencia del club, luego del alejamiento del «Flaco» Lespada. En su estudio dejó de hablarse de letras y leyes, para dar paso a temas de jugadores, técnicos, dirigentes, y otros jueces.
«Esto es un poco inexplicable, es claro, porque no estaba en los planes de ninguno de nosotros conseguir el ascenso. Armamos un equipo para jugar, sin presiones o compromisos, y terminamos festejando el retorno a Primera. Goes fue el convidado de piedra en los play off, superando increíblemente a dos equipos a los cuales no les habíamos podido ganar en todo el año. Creo que además la gente se fue identificando con el equipo, y porque se dio cuenta del sacrificio de todos sus protagonistas. Acá no se contrataron jugadores por grandes sueldos, no hubo premios al final y tampoco ellos lo pidieron, o sea que el sacrificio fue enorme. En el único lugar del mundo donde el éxito está antes que el trabajo es en el diccionario, después todo es lo contrario, por eso sentimos una gran satisfacción por lo hecho por un grupo de jóvenes muchachos que asumieron la responsabilidad de dirigir el club, por un cuerpo técnico excepcional y jugadores que rindieron mucho más de lo que pudimos darles. Esta consagración no la vamos a olvidar nunca, porque sólo los que estuvieron adentro saben del esfuerzo que todos hicimos». *
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