Hay Que Avisarle

Cuidar la identidad

Cuando llegan estos partidos cruciales, como el que vamos a vivir el próximo 3 de junio en el Estadio Centenario, siempre me pasa lo mismo, vuelvo hacia el pasado y revivo choques entre los equipos que se van a enfrentar.

Una de las veces que me fui más lleno de fútbol y satisfecho del coloso de cemento fue en el 69. Uruguay 2 – Chile 0. Ultimo partido de las Eliminatorias mundialistas de ese ano con vistas a México 70. Antes se jugaba en serie y a los celestes les tocó en el reparto, Chile y Ecuador. El equipo dirigido por Juan Eduardo Hobergh terminó invicto. Sólo dejó un punto en el partido de Santiago en donde se empató 0 a 0. Esa tarde el papá de Paolo fue un fenómeno. El «Mudo» Montero Castillo y el «Pocho» Cortés se fueron de la cancha chupando las naranjas que les tiraban desde las tribunas.

Claro que estos recuerdos dan como para repasar la letra de aquel tango que decía entre otras cosas; «te acordás, hermano qué tiempos aquellos». Eran otros tiempos. Epocas en donde todavía se nos respetaba y se nos colocaba como cabezas de serie junto a Brasil y Argentina.

Eso pasó, ya fue. Hoy la realidad es otra. Por eso más allá de la calidad de los jugadores, siempre se debe volver a la fuente. Cuidar la identidad, cosa fundamental. Es bueno jugar lindo, es lógico querer avanzar tácticamente, pero también es fundamental mantener la base futbolística que hizo grande a este país.

Esa identidad es la mezcla de grandes jugadores. Los de rostros serios, que también saben, pero que le dan una personalidad al equipo que en este tipo de partidos resulta fundamental.

El equipo del 69, que luego terminó cuarto en el Mundial del 70, justamente tenía esa mezcla a la que hago referencia.

Por un lado uno de los mejores jugadores uruguayos que vi en mi vida, Pedro Virgilio Rocha, con Cubilla, si senor el negro sanducero, un ganador de verdad, Ancheta, Matosas, Mazurka en el arco entre otros. Pero por el otro estaban en el medio, el «Mudo» Montero Castillo y el «Pocho» Cortés. Cuando fueron rivales en los clásicos, se sacaban chispas, pero en la Selección juntos le daban una personalidad al equipo tremenda.

Además estaban el «Peta» Ubinas, el «Cacho» Caetano que también ponían lo suyo.

Eso es lo que tiene que lograr el equipo de Passarella, jugar bien, pero por sobre todas las cosas estar identificado con lo que es la esencia del fútbol uruguayo. Si sólo nos preocupa la tenencia de la pelota y la circulación de la misma vamos a sufrir. Esa no ha sido el arma fundamental del fútbol uruguayo», llega el eco desde el pasado siglo.

Por ese motivo pido humildemente a puntas como Alonso y Darío Silva. Recoba llenando la cancha de monas y magia. También sigo sosteniendo que Pablo García y Giacomazzi deberían ser los volantes que le den la personalidad necesaria en el medio al equipo.

Espero que Passarella tenga razón con la formación del equipo.

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