El Libro Del Picaflor

–Anoche pasé por la vereda de la AUF y lo vi conversando con su colega Gustavo Antonini y comenté: «se juntaron el hambre con las ganas de comer». ¡Ustedes dos juntos!

— Antonini es un viejo amigo. Compañero del Troquílido Curso de Técnico en Comunicación Social. Le pasó tres o cuatro chimentos espectaculares. Digno del Güinnes.

–Cuente, cuente.

–No, no. Hoy El Picaflor quiere cumplir con el amigo Juan H. Alfonzo, presidente del Círculo de Periodistas Deportivos, que tuvo la gentileza de llamarlo ayer de tarde, para hacerle algunas precisiones y brindar la versión oficial de la fiesta, de la cual escribió el plumífero en la víspera.

— ¿Qué pasó?

— En primer término, Alfonzo agradeció el estilo respetuoso del Troquílido al referirse del tema; Juan sabe que no inventa nada pero aclaró que no es cierto que hubieran faltado medallas para premiar a los deportistas. Hubo sí un pequeño percance, que se solucionó en el momento, con la premiación del equipo de Hockey femenino de Uruguay que obtuvo el Sudamericano. El inconveniente se superó porque entregaron un Charrúa de una edición anterior, hasta tanto se confecciona el definitivo. Lo que no querían las autoridades del Círculo era desconocer la actuación deportiva de las muchachas, en la máxima fiesta de la institución. Alfonzo, negó que hubieran faltado medallas, como le habían contado al plumífero.

— El que dice la verdad, no merece castigo.

— El presidente del Círculo, sabe cómo se cuecen las habas en el periodismo. Intimamente, tiene sus sospechas sobre la fuente pero en ningún momento planteó a El Picaflor que delatara la misma. Con mucha ética y clase, Alfonzo, guardó su sospecha. Respecto al bis de Maglione en la premiación de Gregorio Bare, explicó que se trataba de la máxima autoridad política que se encontraba presente en la fiesta y como máxima autoridad del deporte, fue invitado por la Directiva para entregar el Charrúa de Oro al bicampeón mundial de ciclismo.

— Además de la llamada de Alfonzo, ¿no recibió ningún dato interesante en la víspera?

— Sí, sí. Un amigo del plumífero le recomendó que metiera el pico a fondo, en el Colegio de Arbitros porque parece que días pasados, hubo un desafío boxístico entre dos connotados integrantes del cuerpo.

— ¡Cómo!

— Parece que después de una reunión de trabajo que hubo, dos integrantes de un órgano técnico del Colegio, salieron para afuera de la sede y se agarraron a las piñas. ¿Motivo?. Viejas diferencias de época pretéritas que renacieron ahora como consecuencia de las actuaciones de los dos ex árbitros.

— Ah, en un principio creí que don Lazaroff había andado a los «bollos»,

— No, no. Don Juan es un hombre pacífico. Los iracundos personajes, son ex árbitros, que integran una subcomisión del Colegio y que por diferencias protagónicas, se insultaron primero y luego se tiraron unos manazos — dieron lástima según los testigos por la falta de estado atlético exhibido– y luego fueron separados por sus discípulos.

— ¡Cómo!

— Según le comentó el informante al plumífero, los que separaron a los pesos pesados, fueron los árbitros que ellos deben supervisar y calificar. Como podrá darse cuenta, un espectáculo lamentable que debería recibir el más drástico rechazo por parte de las autoridades superiores del Colegio, porque desprestigia al arbitraje y significa un pésimo ejemplo para los futuros profesionales.

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