Con Abreu está robado
El pasado domingo Sebastián Abreu volvió a jugar oficialmente al fútbol en el primer equipo tricolor, y como de costumbre, la mandó a guardar. Demostró ser desequilibrante para el medio por ser el protagonista de la única situación de gol del primer tiempo, por nacer de una jugada suya el primer gol, y como corolario conquistó un gol de «chiripa» como también a veces hacen los goleadores.
Pareciera que con el «Loco» Abreu en la cancha se le facilitara todo a Nacional. Los tricolores cuentan con la magia de Peralta u O’Neil (cuando esporádicamente juega), la velocidad de Alvez, Guerrero y Abreu, la seguridad de Munúa (y su búsqueda de récord) y la compañía de todos los demás integrantes del equipo, incluso de los suplentes que cuando son llamados a actuar rinden, sin ir más lejos, considerar lo de Méndez y su aporte frente a los fusionados el domingo pasado.
Es decir que con Abreu, deportivamente, parecería que el campeonato está robado.
Pero puede existir otra interpretación de «con Abreu está robado». La misma pasa por lo que sucede por fuera de la cancha. Todo el manido tema reglamentario sobre el minuano provoca una interminable cadena de susceptibilidades afectadas. Todos elevan sus quejas, cuestionamientos, y presiones. A veces la voz la levanta Nacional, otras Peñarol, su rival de todas las horas, en otras oportunidades Liverpool, la Mutual o Bella Vista. Pareciera que todos tienen un interés legítimo en el tema. Para muchos, entre los que nos incluimos, existen vicios reglamentarios que impedirían la habilitación del nueve (camiseta 13) tricolor. No obstante, lo burdo que ha resultado el manejo de la Mesa Ejecutiva y su sintonía con la dirigencia aurinegra para impedir que el tema lo resolviese el Tribunal de Conciliación, hace que si finalmente Abreu fuera habilitado para todo el torneo (del cual quedan solamente seis fechas) sería una nueva victoria tricolor.
Para Peñarol, la actual habilitación del minuano es un «garrón» que se está comiendo, pero la falta de un adecuado manejo del tema ha provocado que la Mesa Ejecutiva actuara también antijurídicamente, hecho éste que provocó que la justicia laboral fallara a favor de los derechos de Abreu. Para los mirasoles, la actual y posible futura habilitación del minuano significa un «robo» por contradecir los reglamentos asociacionistas, especialmente por el tema del plazo de tres meses. A su vez esa derrota supondría que uno de los postulados electorales de ambas listas en la interna aurinegra, que pasaba por la jerarquización de la gestión de Peñarol en la AUF, quedara en agua de borrajas. Peñarol no se puede dar el lujo de perder este partido, aunque seamos francos, a esta altura, lo máximo que puede pasar es que lo empate, pues Abreu ya ha sido decisivo, por más que no jugara más.
Por lo dicho, con Abreu, fuera y dentro de la cancha, este campeonato es un robo. *
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