El libro del Picaflor
–Picaflor, ¿cómo pasó el día de los Trabajadores?
–Como siempre, laburando, con el consuelo de no padecer la desgracia de miles de uruguayos que no tienen trabajo.
–¿Preparó algo bueno para hoy?
–Una historia que pasó hace muchos días atrás en la Asociación pero que debido a las dificultades que tuvo El Picaflor para chequear los datos, debió esperar para hacerla pública.
–¿Qué pasó?
–Posta, posta, el presidente de la AUF protagonizó un duro incidente con un presidente de un club de la Segunda División Profesional y casi se agarran a las piñas, en el despacho del primero, en la planta alta de la Asociación.
–¿Están belicosos los dirigentes que todos los días se desafían a pelear en la Asociación?
–El horno no está para bollos. Hay temas que despiertan pasión y la razón no tiene espacio a la hora de actuar. Entonces, surgen los impulsos de arrebato, calientan la sangre y estallan. Por ahora, no han llegado a agarrarse a las trompadas porque han aparecido mediadores –y testigos– que han bajado la pelota al piso.
–Déjese de versos y vaya al grano; ¿con quién estuvo por pelearse Figueredo?
–En realidad Figueredo fue desafiado, insultado, por el presidente de Sportivo Cerrito. Esta es la verdad de la milanesa. En ningún momento Figueredo le metió la pechera a Walter Audifred. Ocurre que el titular de la AUF le advirtió a Audifred que Cerrito no iba a poder utilizar el Estadio Charrúa porque está en estado de ruina y segundo, porque la AUF tiene una partida de U$S 300.000 que le adelantó la FIFA para remodelar el escenario del Parque Rivera y transformarlo en el verdadero estadio de alternativa.
–¿Y cuál fue el motivo de la discrepancia?
–Sencillo. De cumplirse el objetivo de Figueredo, Sportivo Cerrito se quedaba sin cancha en uso exclusivo como exige el Reglamento General y por ende no podría jugar en la Segunda División Profesional. Ante semejante propuesta «ustedes dejense de embromar con el Charrúa que nosotros tenemos un proyecto con la FIFA y ya se lo pedimos a la Intendencia», le planteó Figueredo a Audifred.
–¿Y cuál fue la respuesta de Audifred?
—«¿Que nos dejemos de embromar con el Charrúa, dijiste? … La c…. de tu madre». La presión subió en el recinto, algunos testigos presenciales intervinieron, calmaron a Audifred y la bomba se desactivó.
–¿Y al final, ¿quién se quedó con el Charrúa?
–Sportivo Cerrito. Lo insólito del caso es que el propio Figueredo después colaboró con los dirigentes del club del Cerrito de la Victoria e hizo gestiones ante autoridades de la Intendencia, para acelerar algunos temas pendientes.
–No, no, no.
–Sí, sí, sí. Aunque usted no lo crea la historia terminó así. El Ejecutivo de la AUF dejó en suspenso el proyecto del Charrúa, le cedió la prioridad a Sportivo Cerrito y el estadio de alternativa quedó para más adelante, cuando el club tenga su estadio propio.
Lo que no tiene goyete es que el Charrúa, que está en estado deplorable según el informe de la Comisión de Canchas de la propia Asociación, que se negó a realizar una segunda inspección porque los integrantes se sentían menoscabados desde el punto de vista profesional, ahora haya sido habilitado de oficio para partidos oficiales de la AUF.
Después los dirigentes se sienten molestos cuando los periodistas dicen que el Reglamento lo manejan como un chicle. *
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