El libro del picaflor
–Picaflor ¿qué pasó entre Sanguinetti (h.) y el number one de la Asociación?
–Un viejo cortocircuito que volvió reactivarse.
–¿No fue por la habilitación de Sebastián Abreu?
–Este fue el pretexto, el motivo aparente, pero los que están en la cocina del fútbol hace un tiempo, saben que para la familia Sanguinetti, Figueredo es mala palabra. En el nombre del padre, del hijo y de la madre, que también lo tiene entre ceja y cejas, sin que esto signifique un capricho dialéctico.
–Usted siempre metiendo el dedo en el ventilador, ¿eh?
–La información que le otorga El Picaflor es posta, posta. Para el doctor Julio Luis Sanguinetti, el presidente de la AUF es una persona que no le genera la menor confianza. Muchos menos, para el ex presidente de la República. «Sanguinetti, nunca se tragó a Figueredo. Le rehuyó siempre. Cuando estaba en la presidencia, intentó esquivarlo siempre en los actos protocolares cuando venía gente de FIFA o de la Confederación. Hacía todo lo posible por evitarlo.», comentó un manya que es del entorno del ex presidente.
–¡Con razón tantos misiles!
–Como dice el Quique Yanuzzi, usted no se coma la pastilla. Los colegas que son nuevos en el ambiente, desconocen un hecho que quedó en las anécdotas más sobresalientes de la Copa América 1995.
–Cuente, cuente.
–En 1995, llegó a Uruguay la crema y nata de la Confederación Sudamericana de Fútbol y de la FIFA, encabezada por Joao Havelange que en ese momento presidía el organismo internacional. El doctor Sanguinetti presidía el país por segunda vez y homenajeó a la cúpula del fútbol sudamericano y mundial, en su residencia de Punta Carretas, en la calle Zorrilla de San Martín. Las pautas del protocolo las impuso el anfitrión, por supuesto, y por orden expresa vetó a Eugenio Figueredo que hacía poco tiempo había accedido a la vicepresidencia de la CSF, en lugar del extinto Hugo Batalla.
–¿El doctor Sanguinetti, no invitó a Figueredo a su casa?
–No señor. Por eso usted no debe encandilarse con las luces de 2003. Las expresiones del doctor Julio Luis Sanguinetti, vicepresidente de Peñarol, arrastran sentimientos familiares de la década pasada. Habló fuerte, reapareció en la escena pública con un misil exocet para el presidente de la AUF pero usted no crea que fue un hecho fortuito. El doctor Julio Luis Sanguinetti que hacía un tiempo había desaparecido de la escena directriz de Peñarol, reapareció con el acelerador a fondo porque se le presentó una oportunidad imperdible. Y el vicepresidente, sin consultar a sus pares, se paró en la mitad de la cancha y pidió la cabeza de Figueredo, sin pelos en la lengua, sin eufemismos, si el Ejecutivo convalida la habilitación de Sebastián Abreu.
–Perdóneme, yo escuché a Figueredo en una radio –no recuerdo cuál– diciendo que a él nadie le metía la pesada y no se iba a dejar llevar por delante por nadie.
–¡Grande Pa! Así quiero ver al presidente de la AUF, metiendo pechera, desafiando a los más puros representantes del poder. Claro, que tenga mucho cuidado porque, cuando el aparato del Foro lo agarre en off-side, sale de frente y de perfil en las páginas que no son precisamente las deportivas. Figueredo está acostumbrado de jugarla de taquito con algunos dirigentes del fútbol pero, con nenes como el doctor Julio Luis Sanguinetti va a tener que trancar con los dientes apretados porque de lo contrario, puede perder los pocos pelos que le quedan.
–Conozco de años al «Petiso» y no se arruga. Va para arriba como gas de buzo.
–Es pura garra y corazón como chorizo de campaña pero esta vez, se topó con un rival muy peso pesado y él no alcanza los quilos para pelear en esta categoría. *
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