El gato gris también nos trajo yeta
El Centenario volvió a colmar anoche sus tribunas como desde hace algún tiempo no lo estaba para recibir a una selección celeste; el marco de público asistente a la primera jornada de la fase final recordó a los cotejos decisivos de las Eliminatorias.
Los «botijas» celestes tuvieron cuando saltaron a la cancha un recibimiento espectacular, al mejor estilo de los que recibió la selección mayor. Esta vez no hubo tantas bengalas, ni papel picado, ni fuegos artificiales, pero se vivió esa emoción especial de sentir el rugir de miles de gargantas, ver el doble de brazos estirados hacia el cielo, y cuando los gritos empezaban a apagarse, nació como siempre el grito de guerra «soy celeste, soy celeste.»
Unos doscientos argentinos se arrimaron al Estadio a alentar a su equipo, ubicándose en la Tribuna América contra la Colombes. Siendo pocos, cantaron mucho más que los miles nuestros, demostrando las distintas maneras de vivir el fútbol de ambos pueblos.
Apenas pitó el árbitro el inicio de la brega, en el primer minuto de juego Ruben Olivera y «Malaca» Martínez hicieron levantar la tribuna, protagonizando las primeras jugadas de peligro a favor de Uruguay. Poco después, el grito de «oleeeeee» se repitió dos veces seguidas, tras sendos «sombreritos» de Diogo a diferentes rivales.
Ya con Uruguay en ventaja, el primer tiempo terminó con el público local «de fiesta»: a los cuarenta minutos, mientras atendían al «Pollo» Olivera fuera del campo, la popular «ola» se paseó también por las tribunas del Centenario varias veces. Un espectáculo aparte.
La única nota negativa de la primera etapa fue la permisividad mostrada por el árbitro Wilson Souza hacia varios jugadores argentinos, en especial el lateral izquierdo rubio Walter García, que convirtió ocho faltas en los cuarenta y cinco minutos.
El segundo tiempo llevó a todos los presentes a cambiar su estado de ánimo, agregando a su falta de criterio en el manejo de las tarjetas amarillas el dejar pasar por alto varias faltas en favor de los celestes.
Los argentinos recurrieron varias veces a las faltas desde atrás, fueron varias veces directo al cuerpo de sus rivales, golpearon sin pelota y el brasileño ni se enteró. Recién a los 80´ mostró el primer cartón, por demorar en la ejecución de un lateral, a Eduardo Fernández.
A pesar de que nuestra selección no las tenía todas consigo, seguía aguantando y conservando la victoria, hasta que un gato gris se metió en la cancha, y anduvo a las corridas mientras encontraba por donde salir, cerca del arco de Uruguay. El felino llamó la atención de todos, hasta que pudo escapar por el portón que comunica el terreno con la Platea América.
Minutos después llegó el empate argentino, por lo que los cabalistas podrán deducir que aunque no era negro, igual trajo mala suerte para los celestes.
La mayor ovación – sin dudas – durante la parte final fue para Marcelo Guerrero cuando abandonó la cancha, dejando su lugar a Grosnile; el delantero de Villa Española dejó todo en el campo, «picando» una y otra ve en forma solitaria ante los defensas.
El de anoche resultó el primer empate registrado en el campeonato, ya que curiosamente en los veinte cotejos de la fase inicial siempre había habido un ganador. Vale recordar que esta segunda ronda consiste en un hexagonal, en el que los cuatro primeros clasificados obtendrán el pasaje al Mundial, que se jugará en Emiratos Arabes Unidos (o en Japón) en el mes de marzo.
En esta jornada se cumplen cuatro años del clásico rioplatense que se jugó en Mar del Plata por el Sudamericano sub 20 de 1999; el cotejo es plenamente recordado por los uruguayos, ya que se le ganó a Argentina «a domicilio», uno a cero con gol de tiro libre del danubiano Omar Pouso. *
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