Oficio Copero: ¿Dónde lo perdimos?
Catorce años sin ganar una Copa. Parece mentira, parece un cuento malvado que nos manda un primo desde Argentina o un tío desde Porto Alegre.
Pero es verdad. Perdimos el «oficio copero». Nos faltan el respeto bastante más a menudo de lo que nos gusta.
«Oficio copero» (aquí, mientras lee, le sugiero que ponga cara de nostálgico/a, como añorando cosas queridas) expresión surgida para bautizar a ciertos planteles que muchas veces no nadaban en la abundancia técnica y sin embargo encontraron en la formación homogénea del grupo la manera de defender el objetivo a rajatabla.
Equipos mañosos decían las crónicas de los sesenta-setenta.
Aquellos que «pinchaban la pelota» cuando conseguían un gol o cuando necesitaban un empate de visitante o se potenciaban a límites insospechados aprovechando la localía.
Cuadros cuyos defensores tenían rostros pétreos y el carácter de guerreros romanos, el talento no faltaba. Además tenían delanteros rápidos o potentes. O las dos cosas.
Mientras escribo pienso en el Estudiantes de la Plata de Zubeldía, el Flaco Poletti, «Cacho Malbernat, Madero, Bilardo, el Bocha Flores, la Bruja Verón; Peñarol de Mazurkiewicz, Maidana, William Martínez, Goncálvez, Pepe Sasía, Spencer, Joya, el Pardo Abbadie, Rocha, (la dejaba chiquitita «así»), Héctor Silva, más tarde con Olivera, Gutiérrez, Jair, Venancio y Morena, etc., en Olimpia de Paraguay, siempre con Cubilla como DT, Ever Almeida al arco y nombres como los de Talavera, Samaniego, Benítez, Paredes, Wash o en Independiente con Pepé Santoro, Pavoni, El Zurdo López, Pancho Sá, Pastoriza, Semenexicz, Raimondo. Balbuena y después Bochini-Bertoni.
¡Boca de Lorenzo!, Mouzo, Pernía, otra vez Pancho Sá, el Chapa Ruben Suñé, Mario Zanabria, (que jugador!) el Heber Mastrángelo, Felman, Perotti, paredón y después… o Nacional a fines de los sesenta, con Manga, Ancheta, Masnik, Montero Castillo, El Peta Ubiña, Espárrago, Artime, Mamelli, Cascarilla Morales y con De León, Cacho Blanco, y Victorino más tarde; Racing del 66 con Agustín Mario Cejas, Perfumo, Basile, El Panadero Díaz, El Chango Cárdenas, Corbata, Rulli, el Bocha Maschio… en fin.
No todos estos equipos derrochaban fútbol. Pero tenían lo justo y necesario.
Ahí estaban en primer término nuestros Peñarol y Nacional.
Fotos amarillentas, los recuerdan desde la mirada impenetrable del «Indio» Olivera o el «metro noventa y pico» de coraje de Ostolaza.
Vestuarios inundados, ausencia de controles de dopaje, o realizados en forma desprolija cuanto menos (se acuerda de las bolillas calientes en el sorteo), luces que se apagaban en estadios por más modernos que estos parecieran, apedrear el ómnibus cuando marchaban hacia el estadio, mojar la cancha, dejar crecer el pasto más de la cuenta, armar escándalos la noche previa al partido en el Hotel del equipo visitante, enviar jugosas señoritas a golpear las puertas de las habitaciones de los jugadores… en fin, la lista de «cositas» que se podían hacer para sacar ventajas, naturalmente no termina aquí, pero son la muestra acaso probada de lo que eran capaces quienes querían conquistar el preciado trofeo.
Quienes podían hacer todo esto a sus rivales, o conseguían ser tan bravos de ir contra todo esto (los menos) eran grupos generalmente inquebrantables, casi invencibles.
Tenían «oficio copero».
Hoy todo ha cambiado bastante, en cuanto al marco que rodea a la Copa.
Sin embargo, para ganar de visitante en algunos estadios, sigue siendo necesario tener un plus de jerarquía, temple y personalidad, que son requeridos cuando hay que presentar credenciales. Ni más ni menos que tener «oficio copero». Cuando el año termina, brindo porque volvamos a levantar la Copa. En todos los sentidos. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad