La fiesta tricolor…
Lleno total en las tribunas para vivir la fiesta roja, blanca y azul. La Amsterdam reventaba de gente tricolor al igual que la Olímpica. En la Tribuna y Platea América había mayoría de bolsos y en la Colombes apenas poco más de un tercio para los danubianos, el resto era de Nacional.
Y la falange tricolor llego con ánimos de fiesta, pues así estaba preparado y acudieron con banderas, pitos, serpentinas y cualquier cosa que sirviera para revolear en señal de victoria. Al final dieron rienda suelta al festejo quedándose en el Centenario.
Paradójico pero real. La tribuna Colombes donde estaba Danubio no se colmó, e incluso se veía muchísimo espacio vacío. Sin embargo, mucha gente no pudo entrar y debió volverse a su casa con la bronca a cuestas por no haber conseguido entrada. Un error que pudo haberse solucionado.
Callejas y Pellegrín fueron los danubianos que quedaron fuera del plantel para el partido de la víspera. En lugar de Callejas ingresó Cañarte, que incluso tuvo la oportunidad de jugar algunos minutos. Recordemos que en el partido anterior Callejas fue al banco y Cañarte fue quien quedo fuera del plantel.
Lo de «Polillita» da Silva es digno de admiración. El experimentado jugador danubiano casi no podía pararse del dolor en una de sus piernas. Pero igual aguantó hasta el final del partido con gran amor propio por la enseña danubiana. Se fue al vestuario ayudado por dos colaboradores del club y para colmo fue al control antidóping.
Marcelo Sosa finalmente salió con el brazalete de capitán cuando todo el mundo hablaba que el arquero Bordad sería el capitán en un gesto de confianza por parte del cuerpo técnico. Pero si Sosa fue capitán durante todo el año, ¿porqué cambiar ahora?
Y ya que estamos con Sosa, precisamente el árbitro de ayer, Gustavo Méndez, lo expulsó tres veces al capitán de Danubio. Ayer el Pato no vio la roja pero Méndez lo volvió a castigar, esta vez con una amarilla.
La seguridad ayer fue impecable. Los dispositivos funcionaron tal cual estaba previsto y no se generó ningún incidente. Incluso en la tribuna Colombes, donde podía haberse generado algún problema por estar las dos hinchadas juntas, tampoco hubo problemas.
Llamaba la atención el cordón de policías que se distribuyó en la Colombes pero en sentido vertical. Uno cada dos o tres escalones, lo que hacia difícil que alguien pudiera franquear ese «muro» para buscar pelea.
Cuando los jugadores estaban dando la vuelta olímpica, la seguridad por parte de los granaderos se extremó y un grupo importante de efectivos se trasladó hacia el talud de la Amsterdam para impedir que ingresara alguien al terreno.
Fue impecable la seguridad y salvo un hincha que se tiró al foso no hubo «infiltrados» en el festejo.
Claudio Biaggio no estaba en buenas condiciones para jugar este partido y la prueba estuvo en el primer pique que se mandó. Le tiraron una pelota larga y cuando el argentino picó, se sintió. Enseguida Fossati mandó a calentar a Juan Olivera.
Y ya que mencionamos al técnico danubiano Jorge Fossati hay que señalar que tuvo un muy buen gesto, porque antes de terminar el partido salió de su sector, caminó unos metros y saludó a su colega Daniel Carreño, demostrando ser un caballero del fútbol.
Los encargados de armar el escenario para los campeones, diez minutos antes de terminar el partido se metieron a la zona de cancha y se apostaron al costado del banco de relevos de Danubio. Allí esperaron hasta que terminara el partido.
Ariel «Pinocho» Sosa, por parte de la empresa Tenfield, era el encargado de cuidar todos los detalles para el momento de premiación de los campeones 2002. Iba de un lado a otro muy activo dando indicaciones, demostrando su experiencia para el caso.
Los jugadores tricolores una vez que Méndez pitó se comenzaron a abrazar unos a otros festejando el título. Después fueron hacia la tribuna Colombes, donde está la fiel y seguidora hinchada para tributarle el título.
Después fueron festejando por la Olímpica hasta llegar a la Colombes, al rincón donde estaban los hinchas tricolores. Obviamente donde estaba la hinchada danubiana estaba vacío.
Los que deben estar contentos son los dirigentes albos porque se «ganaron» un título y, sin embargo, se salieron con la suya. No dieron el brazo a torcer porque no les pagaron a los jugadores, pero éstos igual jugaron y metieron como nunca. Además la medida de no concentrar para presionar por los pagos, la dejaron de lado para estas finales. El festejo es de los jugadores.
Una vez más el camerunés Pierre Webo festejó con la camiseta nacional de su país.
El que se sumó al festejo fue el otro camerunés de Nacional, Benoit. Ambos aprovecharon la ocasión para sacarse varias fotos.
Carreño se quedó un buen rato a un costado mientras los jugadores recibían las medallas y el trofeo como campeones. Después comenzó a caminar lentamente hacia la zona del festejo hasta perderse en el tumulto.
Tras recibir el trofeo los tricolores arrancaron con la tradicional vuelta olímpica pero al revés, en el sentido de las agujas del reloj.
¿Sería un mensaje para alguien en especial?
Al terminar esa vuelta olímpica, el Chengue Morales quiso entregar la camiseta a alguien en especial, pero no pudo, por la cantidad de hinchas que había en la Platea América.
Después se la dio a alguien en la cancha que mostraba la camiseta hacia la tribuna América a alguien en señal de haber obtenido un trofeo de guerra.
Después los jugadores siguieron el festejo en el vestuario donde todo era una locura.
Por su parte, los danubianos terminaron mordiendo la bronca de su segunda final consecutiva perdida, aunque el técnico le dio ánimos al llegar al vestuario porque en cuatro días tiene el debut por la liguilla.
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