SE CONFIRMO LA LLEGADA DE SERRAT A NUESTRO PAIS: SERA A FINES DE ENERO

Un catalán que canta y encanta

Como lo reseñamos con anterioridad, en este nuevo trabajo discográfico, el cantautor catalán ofrece diversos puntos de vista sobre los afectos y vuelve a laborar junto a su antiguo arreglador musical, el pianista Ricardo Miralles, quien fue desde sus inicios y durante más veinte años su compinche y una parte fundamental en su exitosa carrera artística.

Este nuevo fonograma, Versos en la boca, constituye un regreso a la introspección y la exploración de sentimientos y sensaciones.

Se trata de un Serrat en estado puro, que ofrece un catálogo completo sobre el amor. El amor como destrucción, como enajenación, como posesión, como búsqueda, como encuentro, como complemento, como pasión endemoniada.

Sus recursos son los de siempre: la poesía, la descripción, la metáfora, el humor, la observación aguda la compasión. Pero en este caso están todos puestos al servicio de este viaje al centro del ser humano, aquel oscuro crisol donde se entrecruzan lo sublime y lo perverso, donde la cordura y la razón se muestran los dientes, donde conviven, malviven y perviven vicios, amores nobles, pasiones, inocencias, temores, miserias, enconos, alegrías.

Acompaña a Serrat en el viaje el arreglista y pianista Ricardo Miralles, que fue colaborador suyo durante más de dos décadas y participó desde sus inicios en muchos de los hitos de su discografía, como el Homenaje a Antonio Machado, Mi niñez, Canción infantil, Cada loco con su tema, El Sur también existe y Bienaventurados.

Los de Versos en la boca son once temas llenos de sorpresas y confirmaciones.

Empieza el catálogo de amores con el amor como enajenación, una canción en cuya letra participó Tito Muñoz. «De cuando estuve loco», que también podría haberse llamado «Mono de ti», nos traslada a aquella indefinible encrucijada donde el corazón llega a perturbar a la cabeza. Lo que empieza con el silbido alegre del liberado se convierte en una historia del esclavo de sus trastornados recuerdos. ¿Quién nos canta? ¿Un loco que fue loco y no lo supo? ¿Un loco que está loco y no lo sabe? Importa poco: lo importante es que se siente cuerdo incluso para emprender nuevas locuras.

En «Así en la guerra como en los cielos» Serrat ha escrito el padrenuestro del amor celoso. Lo describe de muchas maneras: «eclipse total de la razón», «mortaja negra en el corazón», «venda en los ojos que no te deja ver», «cuentas pendientes, rencores viejos», «exilio del que jamás se vuelve», «cizaña que deja el vergel yermo»… El amor posesivo es otra obsesión que esta vez encuentra su más cruel parodia en la guerra.

El tren subterráneo se vuelve metáfora visceral en «La bella y el metro», un galope entre tinieblas, in interminable ir y venir de topo, una persecución sin pausa en pos del pedazo faltante: en fin, el amor como búsqueda. Allí, en el tiovivo sin fin que serpentea bajo tierra, la masa es una suma de individuos, el prójimo es lejano y cada quien intenta encontrar algo que lo acerque al otro. El carterista ve primos, los banqueros ven morosos, los caseros ven inquilinos, la comadrona ve pasado, el enterrador ve futuro, y el enamorado la ve a ella: «la bella que no me ve».

«Qué será de mí» constituye una reafirmación de la más vieja de las verdades: para que el amor sea productivo se necesitan por lo menos dos. Una pertinaz lista de comparaciones avala este axioma sentimental que constituye un canto risueño y convencido al amor como complemento. La obra rinde culto al amor en su propia esencia y lo mismo podría justificarse como canción de cuna, como declaración de amistad, o como propuesta erótica.

En «Africa» surge otra vez el Serrat solidario que obliga a mirar lo que algunos se niegan a ver, como ya lo hizo en El Sur también existe. En esta ocasión centra su atención y sus dolores en ese continente que es novia seducida y abandonada, rey traicionado y exiliado en su propio país, espejo de maldades y miserable anverso de nuestras más doradas medallas. Serrat obliga a recordar la patria lejana del jazz y el son, de los mejores futbolistas, boxeadores y basquetbolistas y escritores del mundo, abuela ultrajada y expoliada de muchas culturas mestizas, que hoy es presa de «los cuatro jinetes lúgubres»: el hambre, la guerra, la peste, las armas. Es una evocación de la cuna de la humanidad, cuyos hijos, regados por todo el mundo, siguen siendo esclavos sin cadenas y, pese a todo, escarban esperanzas en los eriales y cultivan «flores de las espinas».

«Muñeca rusa» es una canción que se parece a su analogía, que se contiene a sí misma y se recoge sobre el propio eje. Está dedicada a cantar el amor como perplejidad, a reiterar uno de los eternos temas de Serrat: la fascinación que le produce la mujer. Serrat la observa, la admira y la respeta, pero le intriga su múltiple personalidad y sólo entiende que debe abandonarse en brazos de su complejidad sin tratar de entenderla: ella «es como es», y resulta imposible querer a una de esas matryushka sin querer a las demás: las envueltas y las que envuelven, la forma que pasa a ser el contenido.

«Los recuerdos» representa una hermosa anatomía sentimental de la memoria, territorio etéreo y vencido que mezcla verdades y mentiras. El mundo del recuerdo no está quieto en el pasado: es triste pero dinámico, evoluciona al hechizo del antojo y la falsedad, está hecho de cosas que se olvidan y cosas que siguen caminando, nuevas versiones de lo que no pasó y nuevos disfraces de lo ocurrido. todo esto es lo que hurga y explora el delicado bisturí de Joan Manuel Serrat.

En «La mala racha» –cuya letra fue elaborada en colaboración con Eduardo Galeano a partir de un texto del escritor uruguayo– Serrat vuelve a demostrar el poder de su palabra y su música para articular sentimientos o situaciones universales, de las que todos participamos pero a los que sólo unos pocos privilegiados como él logran interpretar. Esta vez se entretiene describiendo los momentos malditos, las temporadas de infortunio: «Me tropiezo con mi propio pie, me llueve sal si tengo sed» y se encuentra una sola manera de combatir el conjuro: «Mientras dura la mala racha… ¡dadme cobijo!».

«Sin piedad» es un canto de dolor el amor como pasión destructora. Se trata de una resignada letanía de sentimientos envueltos en la penumbra musical de una melodía intimista, que reconoce los amores malditos y acepta sus callejones sin salida, sus sentencias irremisibles, sus funambulismos por el filo de la navaja, sus conflictos feroces entre el amor y el odio. Es la doctrina de amor del condenado: «Morir matando, matar muriendo, sin piedad de ti, sin piedad de mí».

«No te busqué, ni me viniste a buscar»... Tal es la declaración de situación de la que parte «Es caprichoso el azar», un canto al amor como hallazgo. Si en «La bella y el metro» el amor busca y no encuentra, en esta canción el amor encuentra sin necesidad de buscar. No existe el destino, nos dice: sólo el azar. Es una obra que reúne las voces de Serrat y de la cantante israelí Noa, bellísima y ajustada maravillosamente a esta canción en homenaje a la coincidencia, al cruce de estrellas, a la magia del albur y a la albricia es la casualidad que es capaz de crear el amor a partir de un día lluvioso, un autobús y un semáforo.

«Señor de la noche» es una canción oscura, nocturna, visceral, sombría, endiablada, con letra de Luis García Montero. Se trata de una oración pronunciada en ese pequeño templo del deseo que puede ser un bar de madrugada; el solitario está dispuesto a vender su alma al demonio a cambio de un poco de amor, y así lo proclama en su invocación: «Haz que vuelva su rostro quien no quiso mirarme, que sus ojos me busquen sostenidos y azule
s por detrás de la barra».
.. Es la noche de la ciudad, pero también es la noche de los sentimientos. Un canto al amor a cualquier precio.

Treinta y siete años después del primer disco de Joan Manuel Serrat, el reencuentro entre el cantautor y Miralles ha producido como resultado un trabajo fresco, rico, ágil, a veces inquietante, con un tratamiento musical a base de sonoridades acústicas y cuya raigambre en el Serrat más clásico no excluye novedades arriesgadas. *

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