Que las cosas se renueven
Mario Villagrán fue el principal impulsor de Esperando Salir, el disco con canciones de niños del Iname que interpretaron destacados músicos uruguayos como José Carbajal, Mariana Ingold o Hugo Fattoruso, entre otros. Docente de música desde hace muchos años y con una inclinación especial hacia lo social (las canciones de Esperando Salir y la Murga del Iname La menor nacieron de talleres organizados por él), es menos conocida su veta de compositor de canciones. Esa veta se mostró un poco en el disco Ruina Amada, una colección de canciones con textos del poeta Ramiro Guzmán, dirigida por Villagrán.
Ahora finalmente se edita su demorado disco solista, Molde de una sola pieza, una delicada colección de canciones que el músico presentará hoy en Dodecá junto con Patricio Petrucelli y Nicolás Molla.
«Todo empezó hace mucho tiempo. Los temas pasaron por varias experiencias» –cuenta Mario– «En principio fueron tocados con una banda más roquera. Después, con Nicolás Molla baterista de aquella banda, secuenciamos los temas en una computadora en mi casa. Sobre eso empezamos el proceso de otra producción más seria en el estudio Del Cordón. Eso se cortó por problemas económicos, hasta que Luis Restuccia se ocupó de la producción y de la grabación del disco. Terminada la producción que fue hace tres años, vino la etapa de editarlo. Yo tuve la posibilidad de sacarlo hace tiempo, pero no quise, porque justo coincidía con el lanzamiento del disco Esperando Salir con los gurises del Iname. Como a veces el país es un poco ingrato con algunas cosas, especialmente en el ámbito cultural, yo no quería que pareciera que yo utilizaba Esperado salir como herramienta para promocionar mi propia música. Preferí esperar un tiempo prudencial. Después vino el disco de Ramiro Guzmán, lo que me hizo posponer de nuevo el proyecto. Cuando finalmente todo estuvo pronto, y pensaba sacar un préstamo para editar el disco en forma independiente vino toda esta situación financiera. Pero ahora un amigo me prestó dinero para editarlo. Pese a todas estas demoras y que a veces la energía decaía, sabía que tenía entre manos una linda colección de canciones y que el disco era una forma de calmar ansiedades y a su vez cerrar ciclos».
–A fines de los años ochenta y a comienzos de los noventa, cuando integrabas el Taller el Sótano, habías comenzado a presentarte como solista. Luego cortaste esa veta, ¿Por qué se dio eso?
–Hubo motivos personales, tenía otras prioridades de vida, como la familia por ejemplo. Pero también hay otros motivos. Yo valoro mucho toda aquella etapa de El Sótano, con gente como Walter Bordoni o Jorge Drexler, me parece que fue una generación muy creativa en todas sus vertientes, había una búsqueda artística seria.
Pero de alguna manera fuimos una generación perdida, por varios motivos. Si hubiéramos vivido en un etapa social normal, las generaciones se hubieran ido decantando y los nuevos hubieran ocupado nuevos espacios. Los actores sociales cambian y los actores culturales también. Sucede que nosotros surgimos apenas terminada la dictadura y la generación previa, muy ávida de ocupar un lugar perdido, no dio espacio y nos puso un techo. Eso me desilusionó bastante. Creo que habría que haber hecho las cosas juntos, me parecería mucho más rico. Poner techos y paredes y no poner ventanas no tiene sentido. Las ventanas sirven para que entre aire y para que las cosas se renueven.
–¿Esta presentación de hoy en Dodecá es el comienzo de una nueva etapa como solista?
–No necesariamente. Lo que voy a hacer es empezar a mover el disco en círculos chicos. Hay un concepto equivocado del producto artístico, porque si no pasa por la televisión, por MTV o por los premios parece que no existiera. El arte va más allá de eso, es una relación directa con el artista. Yo saqué este disco, si gusta mucho mejor y si no no pasa nada. Es algo natural, a mí hay cosas que no me gustan aunque las respeto mucho.
También tengo que confesar que me pone muy nervioso tocar. Soy más un ratón de biblioteca, me gusta componer en mi casa, grabar.
–¿Qué te quedó de la experiencia de esperando salir?
–Algo gratísimo. Yo sinceramente sigo creciendo y no pierdo capacidad de asombro. Sigo aprendiendo. En el disco lo digo: aprendí a querer más de lo que quería. Hay varios amores, pero para mí hay un amor social que es muy fuerte. Me quedó un amor muy profundo por el prójimo, por aquel que no tiene nada. Porque de última yo en lo personal estoy bien, con los problemas que tenemos todos, pero acá estamos hablando de gente que no tiene nada.
Esa experiencia me dio una capacidad de comprensión muy profunda y me ayudó a aprender otras cosas de la vida. *
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