Con hilos y madera
En el lugar más inesperado, una exposición que resultó una sorpresa agradable y que finaliza mañana.
Porque el hall de exposiciones de la Sala Vaz Ferreira, a cargo de la pintora Zully Lara, se caracteriza, de manera errónea y en un lugar concurrido apto para la educación estética, por recorrer un espectro de mediocridades para abajo. Es incomprensible que la ineptitud se aferre con tanto tesón al Ministerio de Educación y Cultura y todo siga como si ocurriera lo mejor del mundo posible. Por una de esas involuntarias equivocaciones de la programación, debutó por breves días (otra anomalía de la dirección, que no da tiempo a visitar las obras) se hospedó la muestra unipersonal de Ana Adinolfi que, mujer al fin, oculta la edad, aunque se supone treintañera, con estudios en el Instituto Escuela Nacional de Bellas Artes en el taller Ernesto Aroztegui (el casi único profesor de esa institución capaz de generar espíritus no sectarios) y luego continuar en otros.
Aunque participó en colectivas y concursos de medio pelo, en lo que parece ser actualmente su primera individual evidencia una imaginación, que si no es muy original, ya que de inmediato concurren a la memoria varios autores que la antecedieron (comprensible durante el período de búsqueda, a la vez que rescata el pasado lo proyecta en el presente) que no vale la pena recordar y que acaso ella misma los ignora (o quizá no), los elementos operativos que utiliza trasmiten una autenticidad cierta. Trabaja con hilos y maderas, tablas y muebles, aplica o encaja en pequeños agujeros pequeños palitos más o menos cilíndricos de madera hechos (con el encanto de la imperfección) a mano que atraviesan o no la superficie creando una movilidad visual de sombras proyectadas o alterando con la trama la utilidad de sillas y otros objetos domésticos.
Casi sin darse cuenta, roza sutilmente a Wifredo Díaz Valdez en algún ejemplo, pero su ímpetu minucioso, su paciencia benedictina, conduce con destreza y sensibilidad los elaborados objetos que se despegan de lo estrictamente artesanal (hoy una mala palabra luego de las experiencias recientes vistas en Hecho Acá y la Bienal del Objeto Artesanal) hasta adquirir una dimensión digna de ver y estimar.
Vale la pena retener el nombre de Ana Adinolfi, una de las escasas revelaciones de la temporada, y seguir sus futuros pasos en un camino al parecer sin mayores posibilidades en sus acotadas variaciones, aunque un talento incipiente que se atreve a prescindir de curadores y textos abstrusos, sabrá también salir airoso en nuevos compromisos plásticos. Por ahora es una agradable tarjeta de presentación. Hasta el 30, de 15.00 a 20.00. *
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