ARTE

Rescate de los murales torresgarcianos

Quedaron 28 de sus discípulos que fueron rescatados lentamente del deterioro del tiempo y el descuido de los hombres.

Los reclamos de críticos (la primera fue María Luisa Torrens desde el diario El País) no fue escuchado en su oportunidad y sólo hace una década se tomó conciencia de la importancia de la recuperación de esos trabajos.

Fue la alianza de los ministerios de Salud Pública y de Educación y Cultura con Antel, que puso en marcha una costoso operativo de salvataje (hasta el 2003 se invertirán 128. 424 dólares), con un detallado programa que incluyó la contratación de expertos italianos, mexicanos y fundamentalmente nacionales. Algunos fueron ya instalados en la sede central de Antel (el de Horacio Torres, muy deteriorado por la barbarie de los hijos del pintor que secuestraron la obra y la mantuvieron en condiciones deplorables) y ahora la mayoría fueron llevados a la nueva sede de la calle Paraguay, al edificio espléndido (de faraónicos costos) del arquitecto Carlos Ott, que no está pensado para recibir obras pictóricas de ninguna especie. Sin embargo, en el piso segundo, que vibra como si hubiera un terremoto de 3 en escala Richter, con aciertos en el diseño interior (el color, los escritorios, las sillas) y otros desaciertos (en los baños, la kichinette, los placares, muy convencionales y vulgares), se instalaron por lo menos seis (Pailós, Alpuy, Augusto Torres, Ragni, Barrios, Fonseca) que no se adecuan a la límpida, clara arquitectura.

El de Gonzalo Fonseca, de lejos, el mejor, el más inventivo y transgresor de los cánones constructivistas, que apuesta a la ironía, debería estar aislado.

De cualquier manera hay que señalar la actitud sumamente valiosa de Antel, que hay que aplaudir sin reticencias, por el salvataje del patrimonio artístico nacional. Quedan 9 murales por restaurar y 7 por instalar, que seguramente se repartirán en dependencias de Salud Pública y el MEC.

Al difundir Antel, en conferencia de prensa y con auxilio de una proyección impecable que hilvanó con datos ciertos el operativo (antes algunos fueron llevados hasta el Hospital para ver in situ la situación), la enorme labor realizada en rescatar los murales del Hospital Saint- Bois, llamó la atención la ausencia total de los críticos nacionales, de ministros y autoridades de la cultura. Se sospecha que el arte nacional no les interesa en lo más mínimo. Dos alumnas, Elsa Andrada y Quela Rovira, estaban felizmente presentes. Menos mal. *

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