EL BIENVENIDO RETORNO DEL GATO BARBIERI

Jazz latino y tercermundista

A punto de cumplir 68 años, es reconfortante ver que un jazzista de profundas raíces latinoamericanas sigue siendo reconocido por su talento, su creatividad y su trayectoria artística.

Argentina ha dado al mundo del jazz una larga constelación de brillantes personalidades. Entre ellas, las que más resonancia tuvieron en el extranjero fueron Oscar Alemán, Lalo Schifrin y Barbieri, pero otros nombres, como los de Fats Fernández, Gustavo Bergalli, Adrián Iaies y Andrés Boiarsky son bien conocidos y apreciados fuera de fronteras. Es que el vecino país, desde la década del 20 del siglo pasado, fue acrecentando una riquísima actividad musical (muy influida por los numerosos discos que llegaban de EEUU) cuya historia puede leerse en el libro de Sergio Pujol Jazz al Sur, editado en Buenos Aires hace diez años.

En medio de un creciente desarrollo de orquestas y de excelentes instrumentistas y cantantes que se desplegaban por todo el país, nació Leandro Barbieri el 28 de noviembre de 1934 en la ciudad de Rosario. Algunos de sus familiares eran músicos pero él empezó a tocar el clarinete recién a los 12 años, entusiasmado por el disco «Now’s the Time» grabado por Charlie Parker. Un año después se radicó en Buenos Aires, estudió saxo alto y composición y empezó a actuar en más de un conjunto.

«Me apodaron «Gato» porque de noche corría como un felino, con mi saxófono, de un club a otro». La fama llegó con el ingreso en la orquesta de Lalo Schifrin, en 1953. Una noche le prestaron un saxo tenor y desde entonces practicó ese instrumento. «No me gustaba ni entendía la música que se tocaba en Argentina. Lo único que me apasionaba era el jazz, y la sonoridad del tenor y su potencia me resultaron ideales para expresarme. Hasta principios de los años 60 toqué en radio y televisión, dirigí mis propios conjuntos, trabajé con los jazzistas extranjeros que venían a Buenos Aires, pero siempre estuve rodeado de jazzistas».

Su esposa Michelle se percató de que Leandro no tenía rivales, que no había competencia para progresar. Convenció al Gato para irse a Brasil, donde estuvieron unos meses, y finalmente partieron para Italia en 1962. Allí la música iba en dirección al free jazz y Barbieri abrazó ese nuevo estilo. Conoció en París al trompetista Don Cherry (ex integrante del grupo de Ornette Coleman), hicieron giras por Europa y en 1965 se fueron para New York. Ese año grabaron su vanguardista Complete Communion, del sello Blue Note.

Barbieri hizo free jazz junto a grandes de la talla de Steve Lacy, Pharoah Sanders, Charlie Haden y Roswell Rudd, pero los ritmos y sonidos latinoamericanos atrajeron su atención. Discos como The Third World, El Pampero, Fénix y los cuatro Capítulos (grabados entre Argentina y EEUU), todos de la década del 70, fueron fusiones del jazz más libre con los temas del folclore sudamericano, elogiosamente recibidos por la crítica internacional.

Sin embargo su éxito a nivel popular se produjo en 1972 con la banda sonora del filme Last Tango In Paris. Barbieri saboreó el dulce aroma del dinero y a fines de los años 70 se deslizó hacia un estilo funky-pop-rock de neto corte comercial, con el uso de melodías bonitas y frecuentes caídas al sentimentalismo. Con el correr del tiempo tampoco eso le gustó mucho, porque entre 1983 y 1994 estuvo sin pisar un estudio de grabación. Para complicar las cosas, su esposa Michelle falleció hace diez años y él fue sometido a una operación quirúrgica en la que le implantaron un triple puente coronario (by pass). El premio recién recibido en Italia puede ser saludado como una resurrección. *

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje