Daniel Viglietti desde España: un abrazo en Sol mayor

 

Daniel Viglietti (Montevideo, 1939), mito viviente de la canción popular uruguaya, viaja estos días por España en una gira que abarca recitales en Alicante, Valencia y Córdoba. El cantautor se apresta a conmemorar cuarenta años de la publicación de su primer fonograma: «Impresiones para Canto y Guitarra y Canciones folclóricas» (1963), mientras continúa preparando su próximo disco que será publicado en 2003.

Siempre que llegás a España el público recibe tus canciones con particular entusiasmo. ¿Qué título es el más aplaudido? ¿Hay alguno especialmente emblemático para los españoles?

-Entre mis canciones la más esperada aquí es siempre «A desalambrar». Me cuentan que desde finales de los años sesenta, en esos años de la resistencia a la dictadura de Franco esta milonga se volvió una especie de himno entre los himnos, sin saber muchas veces de dónde venía ni quién la había compuesto. El otro día en mi recital en la ciudad de Córdoba me saludaron unos jóvenes que tienen un movimiento ecologista que se llama «A desalambrar». Me regalaron una camiseta impresa con el título de la canción vuelto consigna. Pero bueno, hay otras canciones que han quedado en la memoria de la gente, como la «Milonga de andar lejos», «Cruz de luz», «El Chueco Maciel». Lo noto al cantarlas. En uno de mis recitales en la región alicantina interpreté aquella composición mía sobre el poema de César Vallejo, «Pedro Rojas», que es una parte de su «España, aparta de mí este cáliz», donde el poeta peruano abraza la lucha del pueblo español. Y fue muy emocionante la reacción del público, con muchos jóvenes que sólo conocen aquella guerra por referencia. Yo mismo, en ese pasaje final cuando Vallejo dice: «Y volvió a escribir con el dedo en el aire: ¡Viban los compañeros! Pedro Rojas», yo mismo te confieso que me emocioné más de lo que me ocurre siempre en un escenario.

O sea que fue un reencuentro intenso con España. ¿Qué balance podés hacer de esta nueva visita?

-Ha sido muy positivo. Desde mi primera experiencia aquí, en 1974, con Franco todavía vivo y asesinando luchadores, como ocurrió con el anarquista Puig Antich, en los días en que canté en el Palau de la Music en Barcelona, desde aquella prohibición posterior de entrada a España, cuando después comencé de nuevo a venir tras el fin de la dictadura, he cantado muchas veces en actos solidarios, o en aniversarios de la República española, o contra el bloqueo a Cuba o por los Zapatistas de México, en fin. Eso ha hecho que el trabajo profesional quede un poco al margen y se pierda presencia en ciertos medios. Estoy tratando de volver a tener una actividad mayor en España y este es un buen paso. Con el detalle de que los recitales en las Universidades llegaron a muchos jóvenes y de que me espero reunirme con varios músicos de acá que participarán la semana que viene en un acto.

En esta serie de actuaciones compartiste de nuevo una con nuestro Mario Benedetti. ¿Continuarán esos recitales «A dos voces»?

-Hace un mes, en mi afán de proteger la recuperación de Mario tras su reciente crisis de salud, te hubiera contestado que no pensábamos hacerlo de nuevo. Luego del «A dos voces» que retomamos en Alicante, hemos pensado en hacerlo excepcionalmente alguna vez más y no te oculto que tenemos muchísimas ganas de que sea en nuestro país. Quizá se pueda concretar antes de este fin de año.

El tiempo pasa y sabemos que el año próximo se cumplirán cuarenta años de la edición de tu primer disco. Desde aquellos lejanos comienzos han ocurrido muchas cosas en tu vida personal, en el Uruguay y en el mundo. ¿Qué vivencias podés rescatar ahora de ese largo trajinar combativo?

-Cuarenta años, sí… a veces me parece mentira… Cuando grabé ese disco ya hacia tiempo que actuaba en público. Mis primeras composiciones son del 57 y el 58, conservo borradores de cosas que nunca grabé ni seguí cantando. La «Milonga del Santa Lucía» creo que es, junto con «El viento», de las más viejas en aquel disco que salió en el 63. Y sí… han ocurrido tantas cosas… amores, desamores, impulsos revolucionarios, golpes de Estado, retornos desde el exilio, liberación de las presas y los presos políticos, en fin, la reinstalación de una democracia con pactos e impunidades que no la dejan ser democracia de veras y que nos exigen resistencia. Todas las peripecias que puede contar un veterano como yo. Las vivencias son tantas que va creciendo en mí el deseo de volverlas libro. Lo he dicho muchas veces, pero siento que llega el momento. Puede que los nacimientos en 2003 sean varios. Ojalá. Ya está en la mira una nueva edición actualizada del libro que sobre mi trabajo escribió Mario Benedetti y que fuera publicado originalmente acá en España. Será una manera de recordar y hacer conocer nuevos hechos sin intermediarios dudosos.

El atesorado Archivo Sonoro Cultural, en el que has invertido largos años de esfuerzo para sumar el testimonio de tantas personalidades ligadas a la música y a la cultura, viene de recibir finalmente un apoyo. ¿De qué se trata?

-Bueno, es cierto que hace más de veinte años que vengo tratando de canalizar ese Archivo, más allá de los fragmentos que utilizo en mis programas de radio o artículos de prensa. Darcy Ribeiro, el eminente antropólogo brasileño, fue uno de los que intentó darme un apoyo desde el Memorial de América Latina, en São Paulo. Pero con su muerte, todo se redujo a que yo cantara allí una vez en el Memorial. Otras búsquedas siguieron, aquí y allá, hasta este generoso impulso que viene de la Universidad de Alicante, donde ha sido fundado un Centro Mario Benedetti. Es un trabajo que se hará por etapas y que permitirá el acceso de mucha gente en muchas partes a esta fuente memoriosa. Me alegra que con el progreso tecnológico, todo pueda llegar a servir en la elaboración de este aporte a una memoria sonora cultural uruguaya y, en buena parte, latinoamericana.

¿En qué situación se encuentra nuestra música popular actualmente y qué corrientes musicales, intérpretes y compositores puedes destacar?

-Es una pregunta que me han hecho en muchas entrevistas acá en España. Es difícil responder, hay cosas que aun no he oído, se produce mucho en el país, a pesar de los pesares. O sea que mi respuesta es más bien optimista, aunque las nuevas generaciones de artistas nuestros atraviesen una lógica crisis de crecimiento que muchos de ellos mismos señalan. A mí me ha gustado definir a la generación posterior a la nuestra como las de «los que iban cantando a redoblar»… Porque LQIC – Bonaldi-Lazaroff-da Silveira y Trochón- abrazados con Mauricio Ubal (Rumbo) y Rubén Olivera, con Leo Maslíah, Jaime Roos, Fernando Cabrera, Mariana Ingold, Laura Canoura, Tabaré Rivero y la gente del rock, con todo lo que además surgió de la murga, son los que fundaron una nueva época de la canción uruguaya. Algunos, con la decantación del tiempo, se van volviendo clásicos, como nosotros, los de mi hornada, nos volvemos sobrevivientes, es cierto. Pero hay otra corriente que llega en la nueva «democracia», necesariamente con otra estética y otra experiencia vivida. Los jóvenes de ahora se reconocen en otra sensibilidad, en otra temática que de algún modo los «espeja». Y hay mucha gente nueva tratando de fundar otra etapa en medio de esta historia tan compleja que les toca vivir, esta etapa tan grave de la historia, en que todo está influido por lo que ocurre: desde los sentimientos a las relaciones humanas, desde el paisaje hasta toda la situación social y política. Y es hermoso ver cómo, a pesar de la falta de apoyo, la
canción, la música popular uruguaya siguen dando brotes, nuevos almácigos. Puedo ser injusto dando nombres en un movimiento todavía reciente, prefiero abarcarlos con la confianza de que ellos y ellas no dejarán que la canción se haga cenizas, como dijo Benedetti.

En un mundo globalizado, con el país hundido en la peor crisis económica de su historia, ¿qué papel juegan los intelectuales y los músicos en particular, en estas horas difíciles que vive nuestro pueblo?

-El de siempre: ser testigos y participantes en una lucha que sigue siendo entre los pobres y los ricos, entre la justicia y la impunidad, entre los privilegiados y los desocupados. Pero un rol urgido por las penosas circunstancias que todos conocemos.

Y desde mi perspectiva y la de mis contemporáneos, tratar de estar cerca de los jóvenes sin paternalismos, difundiendo lo que hacen esos jóvenes poetas, músicos, cineastas, pintores, bailarines, artesanos, que ya tienen obra y opinión para aportar.

Escucharlos con banda ancha y grabar en el disco duro lo que nos aportan. Sin olvidar a los que fuera del país obligadamente, siguen ayudando en todo esto desde tantos sitios en el mundo. Intercambiar ideas sobre este planeta en que la justicia y la memoria nos quieren ser arrebatadas por el gran gendarme made in usa. En que el drama de las Torres Gemelas quiere borrar la tragedia del Chile de Allende o el genocidio de los pueblos africanos o tantas miserias que el imperio yanqui ha diseminado por el mundo pobre, en su afán de riquezas y petróleo. ¿O acaso los jóvenes no piensan en todo esto? Claro que muchos piensan, claro que muchos han aprendido a ver ciertas noticias de la televisión pensando lo contrario de lo que oyen. Leer cierta prensa y oír ciertas radios «al revés»…

A tu llegada a España, en Madrid fuiste invitado a un encuentro con la Coordinadora de Trabajadores Inmigrantes Uruguayos Sin Papeles (CTIU), ¿en qué consistió?

-Bueno, como siempre terminé cantando en una rueda de orientales conscientes de todo esto y dispuestos a ayudar desde aquí en todo lo que puedan. También me desdoblé en mi otra tarea de siempre, la de «preguntar a los presentes». Entrevisté a varios de ellos para divulgar luego en Uruguay cómo se organizan, qué hacen. Todo lo hicimos en un mediodía poblado de mate, asado, y tantas nostalgias con futuro. El trabajo de hormiga de los orientales que tuvieron que emigrar y no encontraron en las aduanas el abrazo aquel con que el Uruguay recibía a los emigrantes europeos de principios de siglo. Pero en España, como en tantas partes, hay pueblo solidario y no es una frase. Siempre hay una conciencia amiga que da la mano a los que no han podido ponerle papel a su búsqueda de un lugar en el mundo. Siempre habrá alguien que escriba en un muro: ¡Viban los compañeros!, así con un error proletario de ortografía, ¿verdad?

El procesamiento reciente del ex ministro de la dictadura Juan Carlos Blanco por su complicidad en la desaparición de la maestra Elena Quinteros abre una grieta en el sólido muro de la impunidad. ¿Crees tú que poco a poco se irá avanzando en la lucha por el esclarecimiento de las violaciones a los derechos humanos en nuestro país?

-Pienso que el trabajo de décadas de parte de los grupos de familiares de desaparecidos, la actividad infatigable de Abuelas, Madres y más recientemente Hijos, ha comenzado a dar fruto. La Plaza Libertad se fue vaciando desde hace tiempo de aquellos encuentros con Familiares, es cierto.

Pero la conciencia de la gente, el deseo de saber más, es como que son las nuevas plazas de encuentro.

Un juez digno y valiente funda otra plaza abordando a Juan Carlos Blanco como cómplice de la desaparición de Elena Quinteros.

Es como si el bastón de su madre, la inolvidable Tota Quinteros, nos indicara el camino. Hay que seguirlo recorriendo señalando a los culpables, sin ánimo de venganza, solamente de justicia.

Antes de tu regreso, ¿hay algún mensaje para el sufrido pueblo uruguayo?

-Un abrazo que daré siempre mejor desde mis palabras y mis sonidos. En medio de la neblina, un abrazo en sol mayor. *

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