Chinos en imágenes
Desde mañana y hasta el 13 de diciembre, en Sala Cinemateca se presentará la Muestra de Cine Chino para Montevideo.
Estas exhibiciones que contienen varias primicias del cine de esa nación, puede resultar sorprendente.
Y confirma la sospecha sobre la existencia en China de realizadores, estudios y películas de particular calidad creativa. Algunos de estos filmes tuvieron exhibiciones ocasionales en festivales, y varios premios. Otros no se conocieron.
Por eso, ahora se reúne películas de varios años, incluidas dos de fines de la década de los ochenta.
Y del conjunto llaman en particular la atención producciones de los estudios de Xi’an, una muy antigua ciudad que fue capital del imperio hace 4.000 años, en el Asia Central.
Estos tres filmes de Xi’an, (que forman parte de los once seleccionados) sorprendentemente presentan parentescos formales y temáticos con algunos de los maestros iraníes, quizás por la proximidad cultura de Xi’an. Otras sorpresas provienen de una coproducción de Beijing con Hong Kong, realizada por el nada complaciente Xie Fei (El caballo negro) realizador antes de la premiada La mujer del lago de las almas perfumadas. Otros títulos incluyen una inesperada sátira sobre el juego de influencias para proveer un cargo de dirección en una pequeña ciudad (Cara a cara, espalda contra espalda) con ética escasa y acomodos. O una visión de los tiempos del maoísmo (El saco rojo) que es a la vez una reflexión seria sobre el presente.
Pero, sobre todo, lo que más sorprende en este grupo de películas, seleccionadas entre más de doscientos títulos donados por la Embajada de la República Popular de China al Archivo Fílmico de la Cinemateca Uruguaya, es que en ninguno de ellos aparecen los lugares comunes, las visiones conformistas o didácticas que fueron la marca de estilo dominante del cine chino.
Muy por el contrario, son películas en general de calidad e inventiva (Hombre y diablo por ejemplo integra la ópera tradicional, su representación y el juego de personajes actuales), con inteligencia y el sentido humano y poético que nada tiene que ver con slogans o forzadas visiones moralizantes, lo cual demuestra que en la gran diversidad de la producción cinematográfica china, como era de prever ha habido y hay espacios para cineastas de interés, y que los nombres a recordar no son solamente Zhang Yimou o Chen Kaige.
Y que fuera de Beijing, los estudios Zhujiang, Tianjin, o Xi’an o incluso Shangai, parecen ofrecer espacios para una mayor amplitud de temas y estilos. *
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