Inauguran 83 grabados de Rembrandt
Las 83 estampas originales provienen del Museo Casa de Rembrandt en Amsterdam, donde el artista vivió dieciocho años de su existencia, entre 1639 y 1657, un período de fama y fortuna, para luego terminar en una modesta casa, en la cumbre de su genio, acompañado de su familia y el formidable afecto de Hendrickje Stoffels, modelo y amante. Había nacido en Leyden en 1606 o 1607, Rembrandt Harmensz van Rijn fue uno de los nueve hijos de un molinero de buena posición económica y recibió una sólida educación universitaria. En la culta ciudad natal estudió al mismo tiempo pintura en el taller de Jacob Isaasz van Swanenburg y, más tarde, en 1623-24, se trasladó a Amsterdam para continuar en el taller de Pieter Lastman. En esas dos ciudades holandesas transcurrió toda su vida pues Amsterdam, en el siglo XVII, era el emporio comercial y cultural de un imperio en el norte europeo y la tolerante (en religión, filosofía y cultura) y enriquecida clase burguesa se abastecía de obras de arte de todas las escuelas europeas, preferentemente italianas. Rembrandt las conoció muy bien y las coleccionó. Su principal maestro (sin ser su discípulo) fue Rubens al que imitó en su obra y en su vida en los años mozos, para después superarlo ampliamente en profundidad conceptual, expresiva y emotiva. Rembrandt, por su enorme capacidad de invención técnica y la densidad que acompaña cada obra es considerado, justamente, el mayor pintor de todos los tiempos. También fue un magistral grabador y sin duda el mejor en la técnica al aguafuerte que condujo hasta un refinamiento expresivo inigualado posteriormente.
Entre las diferentes técnicas del grabado, Rembrandt utilizó el grabado en hueco sobre plancha de cobre y casi en exclusividad el aguafuerte, con auxilio esporádico del buril y la punta seca. Aunque practicado por los árabes en la Edad media, el aguafuerte se empleó para estampas a partir del siglo XVI y adquirió su madurez y autonomía expresiva en el siglo XVII, con los barrocos que hicieron de la luz y el claroscuro, los elementos decisivos para conformar las imágenes. En un excelente texto del catálogo, Coca Garrido estudia los grabados de Rembrandt y establece el paralelismo temático entre lo que pintó y grabó, «muchas veces con soluciones plásticas similares» y compara el Autorretrato juvenil del museo de Kassel fechado en 1623, con la plancha Autorretrato con el pelo rizado (1630). Pero las similitudes son exteriores pues entre el óleo y el dibujo de la estampas son, en esencia, diferentes: la sensualidad de lo pictórico desaparece en la estampa donde, curiosamente, la iluminación proviene del lado izquierdo por la inversión de la impresión y una circunstancia en la representación analizada inteligentemente por Alain Jaubert en El espejo de las paradojas dedicado al genio holandés.
El sutilísimo manejo de los grises, la rapidez y minuciosidad del trazo abierto y libre, que se sobrepone apresando una espacialidad intangible, será la constante personal de los grabados rembrandtianos. En el catálogo se lee: «Rembrandt establece una continuidad en el trabajo del grabado retocando y regrabando, en numerosas pruebas de estado, desde los más mínimos detalles, haciendo cambios, matizando los rasgos de un retrato, introduciendo pequeñas modulaciones de valores tonales o arriesgando todo en mordidas salvajes, forzando la técnica hasta el límite en la búsqueda de efectos deseados». Y agrega que su investigación de posibilidades expresivas se extiende al soporte, los tipos de papel que se comprobó fueron 300 diferentes (en el tono y la consistencia, usando papeles chinos o japoneses o incluso pergamino) y de la calidad de la tinta (más líquida o de pigmentos más oscuros) y las experiencias sobre una misma plancha. Por eso, afirma Garrido, «Por su capacidad técnica y artística el grabado se divide en antes y después de Rembrandt». Luego pasa a enumerar las temáticas que estarán presentes en la exposición. Los autorretratos que ejecutó a lo largo de toda su vida pueden ser considerados una autobiografía en imágenes. Los paisajes, que no fueron numerosos (23), registrando los paisajes llanos de Holanda y sus típicos molinos, las escenas bíblicas y religiosas (Vida y Pasión de Cristo, episodios del Antiguo Testamento), los desnudos (14 solamente, pero notables) donde ejercita la composición barroca y el empleo de las diagonales y el efecto tirabuzón con admirable dinámica formal. Luego están los retratos, en general de encargo como era usual en la época, las alegorías, hay dos fundamentales (La muerte apareciéndose a una pareja casada y El Fénix), y finalmente las escenas costumbristas donde recoge el ambiente popular, la otra cara de la sociedad comercial burguesa de Holanda.
Rembrandt fue también un buen administrador de su obra y tuvo una compensación altamente rentable en largos períodos y su genio no quedó atrapado por la pérdida de su fortuna en una inversión ruinosa, sino que siguió adelante y aunque disminuido en sus posibilidades económicas, no llegó al final de su vida, como quiere la leyenda romántica, a la miseria. A los notables 83 grabados de Rembrandt, se agregan numerosas obras de grabadores que lo precedieron (H. S. Beham, Jacques Callot, J. Livens) y de seguidores (J.B. Castiglione, J. Demus, C. W. E. Dietrich, F. S. Haden, A. Legros, L. A. Lepère, J. B. Le Prince y hasta Picasso).
A partir del jueves, pues, el festival Rembrandt, una fecha histórica en el país y en el Museo Nacional de Artes Visuales. Se complementa la sensacional exposición con la proyección (a las 17.00 horas, de miércoles a viernes, y sábado y domingo a las 16.30 horas) de un video sobre su vida y obra. Imperdible. *
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