Actividad artística en Buenos Aires
En el Malba-Colección Costantini, una muestra denominada Artistas Modernos Rioplatenses en Europa 1911/1924. La experiencia de la vanguardia reúne obras del acervo del museo y de colecciones particulares de Norah Borges (hermana de Jorge Luis, poco interesante pintora y grabadora y nada que ver con cualquier vanguardia y nuestros José Cuneo y Carmelo de Arzadun harían mejor papel), Rafael Barradas, que surge en todo su poderío cromático y un vanguardista nato que ensombrece las cercanías de Emilio Pettprutti, Xul Solar (menos imaginativo de lo que suponen los argentinos) e incluso las de Joaquín Torres García y el escultor Pablo Curatella Manes. La mayoría alcanzó el estilo mucho después que Barradas, exhibiéndose el libro Hélices de Guillermo de Torres ilustrado por Barradas en 1923, poco difundido. Es una muestra convencional y poco imaginativa muy bien presentada entre paredes pintadas de verde, rojo y gris.
En el mismo Malba una intervención arquitectónica del rosarino Román Vitali Luz (1969), compuesta con numerosos tubos fluorescentes cubiertos con tejido de cuentas de acrílico que alteran con su luminosidad la propia del museo y la luz natural que penetra por los enormes cristales del edificio donde en una tarde soleada se vislumbran las hermosos jacarandás florecidos de la calle recortados sobre el cielo porteño.
Por el lado del Centro Cultural Recoleta hay varias cosas para ver. Se recuerda las obras premiadas hace 40 años en la Bienal de Venecia (jurado Jorge Romero Brest) de Antonio Berni, con su serie sobre Juanito Laguna, grabados que, junto con su pintura posterior envejecieron notablemente. Es un artista sobrevalorado localmente y que, salvo el período neorrealista, y a pesar de su indudable oficio, permaneció ajeno al arte del siglo XX en sus más legítima significación. Al lado de la sala Cronopio es muy reconfortante la (s) instalación (es) de Matilde Marín, con fotos y videos, de gran inventiva, en especial las referidas al Muro de la paz y Travesías. En otros corredores están las fotografías de Tina Modotti, esa italiana de México, con un enorme caudal creativo y donde se advierte el origen de Robert Mapplethorpe. Entre otras muchas inutilidades del Centro Cultural Recoleta, está una individual de Miguel Ocampo, que fuera integrante del histórico Grupo de los Cinco (junto a Sakai, Fernández Muro, Clorindo Testa y Sarah Grilo) en la década del cincuenta y que ahora a los ochenta años, manteniéndose fiel a la abstracción inicial, logra un refinamiento pictórico y una densidad comunicativa que se asemeja a una lección de sabiduría pictórica propia de un maestro, sin que falte un toque de ironía en los textos de pared. Todavía queda lo fundamental: la muestra de Mario Merz en la Fundación Proa, en la Boca, que será motivo, por su importancia, de una nota aparte. *
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