El juego de la copa se complica
El resumen anterior, salvo algunos detalles anecdóticos que no conviene revelar, estaría agotando el acontecimiento esencial del filme que, por cierto, se juega a un elemental hilo conductor salpicado por inesperados sobresaltos (de esos que inundan el pecho de adrenalina).
En este juego de sustos, Adams plantea sus mejores jugadas y logra, con un presupuesto más que reducido, tener en el filo de la butaca a una platea no demasiado exigente.
Resultaría injusto –de todos modos– no asignarle cierto mérito al manejo de los tiempos que redondea el filme.
Por decirlo de alguna manera, el oficio narrativo de Adams impresiona como bastante aceptable, habida cuenta del tono menor que plantea La Ouija en relación a sus pretensiones cinematográficas. Claro que el filme también delata algunos lugares comunes, tanto en el plano conceptual como en algunas resoluciones del acontecimiento, llevando este tipo de clisés hasta el mismo desenlace.
A modo de ejemplo cabe señalar el perfil relativamente pecaminoso de una juventud desorientada que mata su tiempo en discotecas de acid music, bebiendo cerveza y drogándose hasta embotarse.
Estos personajes, por supuesto, sucumbirán al tomarse en solfa ese universo de ultratumba que oculta terribles demonios esperando vengarse de las irrespetuosas afrentas que realiza el género humano.
Por aquí circulará –entonces– el destructivo djinn, un espíritu de fuego que abrasa a sus víctimas y precipita almas al infierno a la vez que se posesiona de algunos cuerpos, como aleccionante ejemplo que advierte sobre los peligros de enfrentarse a las fuerzas superiores del más allá.
Luego de subrayados estos pormenores, como señalábamos, el filme no presenta mayores novedades descontando el uso mínimo de los efectos especiales para los tiempos que corren y un desarrollo de la historia que circula casi en forma paralela con el tiempo de la ficción presentado en pantalla.
Obviamente, el largometraje en cuestión parece predestinado para un público ubicado en determinado nivel etario que, luego de la función, decida probar suerte con alguna copa en algún lugar oscuro mientras mira por encima de su hombro.
Si entendiéramos –en definitiva– que La Ouija inenta difundir algún mensaje de carácter didáctico (algo bastante improbable, en verdad), dicho contenido señalaría, por ejemplo que no hay que jugar con fuego ni emborracharse (y mucho menos fumarse un porro) a la hora de enfrentarse, en inferioridad de condiciones, con las potencias destructoras del otro mundo. Mejor ser chicos buenos y quedarse en casa mirando Casting o Gran Hermano Tres. *
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