A veces, todo puede estar mejor
Trotsky Vengarán ha regresado con Todo lo contrario, un nuevo disco que es por lejos lo mejor que han hecho y que esta noche lo presentarán en Plaza Mateo. Con su cantante, Guillermo Peluffo, LA REPUBLICA charló sobre la actualidad de la banda.
–¿En que punto crees que se encuentra la banda?
–El hecho de tener varios discos arriba nos da cierta tranquilidad a la hora de componer. El Yo no fui nos había tirado un poco el ánimo al piso porque esperábamos que pasara algo con la gente. Algo que no pasó vaya uno a saber por qué. Entonces como que valoramos mucho más el Clase B (el segundo disco), que lo habíamos hecho para nosotros. Entonces, para Durmiendo afuera aplicamos el mismo espíritu. Con Jaime Roos, que fue el productor artístico de ese disco, básicamente fue lo que trabajamos. Durmiendo Afuera nos dejó muy contentos y nos dio mucha confianza en nosotros y en el método a seguir. Entonces no pudimos evitar seguir componiendo compulsivamente. Supuestamente este año íbamos a sacar un disco en vivo, pero hicimos demasiadas canciones que nos gustaban y las queríamos mostrar.
–¿Es válido suponer que la principal motivación es la diversión?
–Hacemos canciones porque tenemos la necesidad. No es una meta, más bien es una necesidad. Yo creo que la parte divertida de Trotsky se desarrolla más en los shows que en los discos, sobre todo porque nosotros queremos divertirnos y que cada toque sea diferente al anterior. Entonces nos cagamos en todos los clichés del rock, a pesar de que obviamente nos encantan. Pero nos sentiríamos ridículos si tuviéramos una actitud impostada. Lo que pasa es que usamos mucho la sátira y el sarcasmo para expresarnos en las letras. Pero en el fondo, creo que hacemos relatos crueles y descarnados de algunas situaciones. El humor hace a las letras enigmáticas, más que divertidas.
–¿Se les puede tratar como una banda punk rock?
–Tenemos aquello de Do it your self. Lo interpretamos como que cada uno tiene que encontrar su camino y no recorrer el de otro. Nosotros nos apoyamos en bandas clásicas del punk (Ramones, Pistols, Clash, New York Dolls) pero agregamos otras de otros géneros (el melódico internacional, el tango irónico) y las combinamos. Creo que existe un estilo Trotsky Vengarán, que es lo que nosotros tocamos.
–Hoy tienen una relación muy aceitada con el público
–Nosotros le planteamos ese tipo de relación a la gente desde el comienzo.
Algunos lo entendieron y otros no. Creo nos tenían miedo porque no entendían que podían escucharnos sin pertenecer a una especie de secta. Nunca rechazamos a nadie y nos rompimos el culo en todos los escenarios.
Nuestra teoría para encarar un show es: «acá hay gente que nunca nos vio y tenemos que arrancarle la cabeza», entonces disparamos artillería pesada, no nos importa si es en el Cerro, Paso Molino, Carrasco o en un teatro. A partir de Durmiendo Afuera la gente bajó la guardia y nos empezó a escuchar con menos prejuicios. Además, están los que crecieron escuchando a Green Day, Offspring, NOFX, Wizard o Blink, gente que ya conoce el palo.
–¿Cómo son los procesos en una banda en un país que suele ser cruel con sus artistas?
–Acá creo que no se paga derecho de piso. Se paga haber nacido. Sobre el asunto tengo algunas teorías: Uruguay no es un país. Es centro de supervivencia, es un cuadro de fútbol, los que no jugamos somos rencorosos. Es un posgrado de frustración.
Es la capital iberoamericana del escepticismo y la mala onda.
–¿Alguna vez te viste beneficiado por ser el hermano de Gabriel (cantante de Buitres)?
–En cuanto a la repercusión en el público, no ha sido ningún beneficio porque la gente comparaba demasiado.
Gabriel ya era un referente para el rock nacional y de repente aparecemos nosotros y a muchos les pareció que éramos oportunistas. Mucha gente no entendió que una cosa no quitaba la otra.
–¿Gabriel te influyó mucho?
–Por supuesto. Se las pasaba cantando e imitando desde que me acuerdo. Y siempre era como su parteneire. También Parodi me influyó mucho.
A él lo conozco desde los 12 años. En el verano del 82, Gustavo le prestó a Gabriel un casete con B52´s, Ramones y Devo. A partir de ahí ya nada fue igual.
–¿Cómo hacen para seguir adelante más allá de los problemas por los que está pasando el país?
–Para nosotros, como banda, siempre fueron tiempos jodidos. Nuestro lema con Hugo (guitarrista) es «ya vendrán tiempos peores».
Pero este disco fue encarado con más entusiasmo que cualquiera de los anteriores.
Quizá lo que pasa es que la situación social y espiritual está tan deteriorada que uno valora mucho más lo que es poder hacer la música que queremos. *
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