Woody Allen en el diván

El director estadounidense Woody Allen aceptó, por primera vez, «tenderse» públicamente en un diván y, en un debate público en que analizó el contenido psicoanalítico de sus filmes, el realizador disparó: «No existió ningún evento traumático en mi infancia».

En el marco de un debate en Nueva York, el cómico descartó que las secuencias oníricas que se encuentran en sus películas «tengan profundas significaciones: lo he inventado todo». Sin embargo, Allen admitió que, en su vida personal, la terapia analítica ha sido de capital importancia.

«Existieron períodos de mi existencia en que me sentí muy infeliz e inseguro y contar con alguien con quien conversar, interesado en mis problemas, fue de gran ayuda», dijo ante un auditorio de 800 personas. El cómico estadounidense señaló, no obstante, que sus experiencias con el psicoanálisis no todas fueron satisfactorias.

«Luego de ocho años con uno de mis psicoanalistas hubiera querido levantarme del diván y darle la mano para ofrecerle un ’empate': no había acertado con nada», dijo.

«Mi madre siempre dijo que los primeros cuatro años de mi vida fui un niño adorable. Luego cambié. Pero no existieron circunstancias dramáticas en ese período. Es un misterio.

Atribuyo ese cambio a una imprevista concienciación de la muerte: una toma de conciencia de la que nunca me recuperé», dijo.

Invitado a reflexionar sobre su trayectoria, el director confesó no estar del todo contento con su carrera artística: «Tenía planes grandiosos al comienzo. Estaba convencido de que iba a llegar mucho más alto en el firmamento artístico».

Asimismo, Allen consideró que gozó de una cierta libertad creativa en el mundo del cine. «Eso empeora todavía las cosas», ironizó. «La única cosa que se interpuso entre la grandeza y yo fue mi propia persona. Debí hacer mejor las cosas en mi vida», concluyó. *

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