El arte y la voz de Pepe Guerra
Uno escucha esa voz tan cálida y portentosa y de inmediato reconoce a Pepe Guerra. Si se es un auditor atento, la densidad o el espesor que le otorga a sus canciones, por su calidad estética y estilística, por la generosa expresividad de su registro impar, hacen de éstas un verdadero placer para los sentidos, un santo y seña que permite reconocernos como uruguayos. No en vano una canción de Jaime Roos reclama «Que el letrista no se olvide de la voz del Pepe Guerra».
Lo cierto es que en su madurez, este ícono de la canción popular, apuesta a las variaciones y aunque alguien podría señalar que en este espectáculo que recoge canciones elaboradas a lo largo de sus cuarenta años de trayectoria hay algunas reiteraciones obligadas en todo trabajo antológico el cantor tiene un majestuoso poder de convicción, una sensibilidad a prueba de críticas y una línea compositiva, donde, además, ejecuta unos solos de guitarra impecables.
Pepe Guerra como lo reseñamos con anterioridad es uno de los soportes de un proyecto de canción popular que se convirtió en el sistema nervioso y emocional de la mayor parte de uruguayos: Los Olimareños. Junto a Braulio López durante años, y aun cuando debieron marchar al exilio como tantos otros, alcanzaron una dimensión interpretativa insospechada y de formidable repercusión y prestigio internacional, y prácticamente bajo la tutela de dos entrañables poetas, Ruben Lena y Víctor Lima, lograron posicionarse en un sitial de preferencia que abarca todas las franja etarias.
Luego, a su regreso y tras la disolución del ensamble, cada uno por su lado siguen siendo una referencia y un modelo que tantos dúos posteriores calcaron y otros reelaboraron con su propia personalidad.
Entonces, desde hace varios años Pepe Guerra en plan solista, emana sus textos de un volumen inigualable que mantienen intactos sus sentidos de pertenencia y de permanencia. Milongas, chamarritas, tangos, candombes y varios ritmos latinoamericanos que se hunden en las raíces mismas de la mejor tradición de la canción popular, son apoyados en una banda que lo arropa con energía y estructuras arreglísticas bien elaboradas, grupo que está integrado por Víctor Amaral en teclados y acordeón, Quique Lafourcade en bajo, Alejandro Turubich en percusión y Luis Jorge Martínez en batería.
Tras su recital de anoche, nuevamente hoy a la misma hora Guerra estará sobre el escenario de la Sala Zitarrosa cantando y reafirmando que las suyas, son canciones que apuntan a la sensibilidad y a la conciencia de cada uno de nosotros como una forma de crecimiento, de saber y saberse inmensamente humanos e integrantes de una forma de ser particularmente uruguaya. Los textos de sus canciones, donde el cantautor convalida su yo particular, son de una hechura por momentos épica y por momentos confesional y siempre, siempre con el sello de su particular timbre de voz. Ese es el Pepe, un hombre empapado de vivencias, propias y ajenas, que transitan en sus canciones con expresividad y hondura reveladoras. *
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