LIBRO DEL ESCRITOR ARGENTINO CARLOS SUAREZ INVESTIGA CAUSAS Y CONSECUENCIAS DE LOS ATENTADOS DEL 11 DE SETIEMBRE

¿Justicia infinita o genocidio sin límites?

Agudo ensayista, militante irreductible, Carlos Suárez se dedica desde hace varios años a escudriñar en los cable informativos propalados al mundo a través de las agencias internacionales de noticias, ese dato que puede encontrase entre líneas, esa pista, ese adjetivo sugerente que permita descubrir la red de opresión política, económica y cultural a que se nos somete para, de esta forma, descubrir la verdad escamoteada, ensamblar dos o más  en apariencia inocentes  noticias perdidas entre el fárrago de informaciones que se vierte a través de la prensa, descifra el discurso o el artículo aparentemente oscuro, se ha convertido en su difícil tarea cotidiana, dirigida a encontrar el revés de la trama y poner al desnudo la verdad».

El 11 de setiembre de 2001 el mundo se conmovió por los atentados a las Torres Gemelas de Nueva York y el Pentágono en Washington, hechos que motivaron de parte del gobierno estadounidense el lanzamiento de una campaña contra los países a los que el presidente George Bush calificó como integrantes del Eje del Mal.

Poco días después (20.9.2001) el propio Bush enunció ante la Asamblea General de la ONU la doctrina de la Justicia Infinita, basada en la cual se vienen llevando a cabo diversas formas de intervención contra naciones del Tercer Mundo.

La invasión de tropas de la OTAN a Afganistán, las reiteradas alusiones a China Popular como «el enemigo estratégico número uno» de Estados Unidos, el reforzamiento del bloqueo a Cuba, la calificación del presidente venezolano Hugo Chávez como «dictador castrista» y el impulso a una guerra abierta en Colombia «para acabar con el narcoterrorismo», han sido hasta el momento algunos de los principales aspectos de la política estadounidense, dirigida al reforzamiento de su dominio político, económico y militar en América Latina, Asia y Africa.

Sin embargo, pocas semanas después del 11 de setiembre de 2001 diversas voces comenzaron a expresar  tanto dentro como fuera de EEUU  una serie de dudas acerca de la autoría, los objetivos y las consecuencias de los ataques perpetrados en Washington y Nueva York. Respecto a la acción contra el Pentágono un documentado estudio del escritor francés Thierry Mayssan (La terrible impostura-Editorial El Ateneo-Buenos Aires -2002), plantea conclusiones que ponen totalmente en duda la veracidad del ataque contra las edificaciones del pentágono, estableciendo que los hechos fueron parte de una «conspiración interna».

En cuanto a las Torres Gemelas quedaron establecidas dos hipótesis fundamentales acerca de una táctica muchas veces implementada por los servicios de inteligencia norteamericanos: «el autoataque» o la utilización de acciones enemigas que se dejan concretar sin hacer funcionar los mecanismos de defensa, usufructuando en cualquiera de las dos variantes las consecuencias políticas y militares posteriores.

Los antecedentes del «Maine» en Cuba, Pearl Harbor en el Pacífico y el ya célebre incidente del Golfo de Tonkin, abonan los interrogantes de aquellos periodistas y politólogos que coinciden en señalar la reiterada tendencia de los gobiernos estadounidenses en el estímulo o la prefabricación de hechos y climas bélicos que justifiquen represalias contra determinados países u organizaciones del exterior.

Pero lo sustancial  más allá de las pruebas que se van acumulando sobre los acontecimientos del 11 de setiembre de 2001  radica en el eslabonamiento casi lineal entre las causas enraizadas con una gran crisis económico-financiera de la mayor potencia mundial y las derivaciones políticas aprovechadas por el régimen de George Bush para intervenir directamente en los asuntos internos en otros estados.

En ¿Justicia infinita o genocidio sin límites?, libro que el periodista y escritor Carlos Suárez presentará a fines de este mes que dan probados los orígenes de una política directamente vinculada a la necesidad del equipo gobernante estadounidense de disimular la crisis interna más grave desde 1930 y, a la vez, darle un sustento «legal» a las invasiones militares, agresiones económicas y campañas mediáticas a nivel mundial, cuyo objetivo es la institucionalización del dominio irrestricto de las transnacionales en todo el Tercer Mundo. Porque además de certificarse que los atentados eran conocidos de antemano por la CIA y el FBI, que la ejecución muestra la imposibilidad técnica de los supuestos agentes de Al Qaeda para controlar y dirigir los aviones hacia las torres y el Pentágono, que la preparación de las acciones exigía un trabajo en las aeronaves fuera del alcance de cualquier persona ajena a las estructuras militares o de espionaje locales y que, finalmente, los trece meses transcurridos desde la tragedia han ido diluyendo «las pruebas» de los organismos gubernamentales de Estados Unidos.

El interrogante del libro de Suárez adquiere entonces más vigencia que nunca: ¿ha sido y es la doctrina de la «Justicia Infinita» el sustento para institucionalizar el terrorismo intervencionista de Estados Unidos, con o sin respaldo de las Naciones Unidas, arrojando como consecuencia un genocidio sin límites? Las respuestas de la investigación de Suárez se enlazan con las preguntas formuladas por el historiador Norberto Galasso en el prólogo al libro: «Es el caso de las torres una nueva explosión del «Maine» para justificar la piratería ávida de pozos petroleros, como lo fue aquella vez en el puerto de La Habana para poner la bota sobre «el largo lagarto verde» del que habló Nicolás Guillén?

En este canto del cisne del imperialismo la lectura de este ensayo le será provechosa para afilar las armas de la crítica. Y esta es la tarea clave en la hora en que vivimos». *

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