SEA CHANGE: UN BRILLANTE DISCO DE BECK

Un individuo siempre en movimiento

Cuando uno refiere a la obra de Beck, desde el punto de vista estrictamente musical, uno piensa en un individuo siempre en movimiento, inquietísimo,icono de la experimentación que, por ejemplo, bullía inspirada y superlativa en discos como Odelay. El country boy que viene a ser en el fondo Beck, es decir esa pertenencia aceptada a una suerte de rodaje dylaniano, es el patrón o eje ético y hasta estético desde el que parte y se dispara Beck para hacer operativa su sensación de autor o compositor que se desmarca de la media por su voluntad de ahondar en variaciones que son originalísimas y que, al mismo tiempo, saben tributar homenaje a la tradición roquera.

Nunca se verá a Beck como un parricida; por el contrario, tan camaleónico en su itinerario musical, sus señas de indentidad -la cultura pop- están tan gratamente asimiladas y ordenadas en su memoria emotiva que se puede dar el gusto de registrar un disco de la estatura de Mutations: el folk-singer prevalece para pararse en sus raíces, otorgarle su poética de insoslayable frontalidad discursiva y, de paso, guiñar celebratoria a una corriente tan revulsiva como lo fue la Tropicalia.

Beck, pues, es un individuo que se mueve. No se queda en el logro que se repetirá hasta vaciarlo, como se permiten hacerlo muchas bandas y/o solistas, acaso porque Beck siempre estará indagando e indagándose. Si hay una sonoridad que identifica profundamente a este ramo epocal es precisamente la de Beck (aunque aquí se podría ampliar el territorio a pares como Bjork, Radiohead, Portishead, Tricky, Red Hot y los siempre bienvenidos viejos vinagres como Nick Cave, Tom Waits, Dylan o Neil Young etcétera, etcétera) por su forma amplia de concebir el arte de modelar canción popular.

En rigor, todavía hay tontos y apresurados observadores que cuando refieren a Beck, plantean nuevamente la idea de vanguardia (en un mundo retaguardia).

Y en definitiva así como Jorge Luis Borges, en la literatura, se dio el gusto desde el siglo XX de cerrar el siglo XIX, Beck es entonces la versión musical y el intelectual que reflexiona su época a partir del formato canción que se planta en el siglo XXI para clausurar el siglo XX, mientras a su costado suceden estridencias y un culto al refrito que está colocando al rock fuera de pista.

Sea change, vaya denominación de su flamante compacto, sigue compartiendo esa voluntad compositiva aunque aquí sobresaldrá el tono oscuro y la paleta baja de coloraciones, esto es, un sentido de pérdida que se refleja hondamente a lo largo de las doce canciones incluidas. El camaleón devino, sin perder densidad musical y poética, joker solitario o momentáneamente nowhere man repasando hesitaciones, zonas vulnerables y desgarradas con una plenitud resolutiva admirable.

Beck acosado por preguntas sin respuestas; acosado, en fin, por un turbulento mar de cambios, mientras su voz o sus voces siguen repotenciándose tan auténticamente, tan doblegadoras expresivamente aun desde el dolor. Deber de artista mayor: delatarse, develarse y rebelarse desde un lugar ciertamente oscuro.

Es decir, para no dar tantos rodeos: ponerse al desnudo y que esa escritura musical, esa gramática reflexiva y espiritual combinen construcciones musicales siempre fascinantes, siempre sugestivas y envolventes. Un disco imprescindible. *

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