Lucha entre la vida y la muerte
La sombra del cáncer planea sobre la historia. La protagonista, Emma (Wiard) vive con normalidad su embarazo, hasta que recibe la noticia de que padece un cáncer de mama. El médico que la atiende le sugiere que aborte cuanto antes, porque el feto puede verse afectado por la radiación y la quimioterapia que necesita inevitablemente. Sin embargo, animada por su compañero Simon, la protagonista pide una segunda opinión a otros dos especialistas, quienes admiten la posibilidad de compatibilizar el tratamiento y el embarazo. Convencida de ello, Emma decide seguir adelante, aunque deba chocar contra el escepticismo y hasta la oposición de algunos de sus allegados, que no entienden la batalla que está librando.
Se trata, literalmente, de una lucha entre la vida y la muerte, una lucha contra el tiempo, y el empeño de, en caso de no poder salvarse ella misma, por lo menos prolongarse en el hijo que espera. Hay por supuesto una colosal paradoja (que es la de la vida) en el centro mismo del asunto: la protagonista está procreando al mismo tiempo una vida, y el tumor que puede matarla; su pecho, fuente nutricia, contiene una enfermedad acaso terminal. El melodrama acechaba a la vuelta de la esquina, pero según se dice la directora y colibretista Anspach y su actriz Wiard han sabido mantenerlo casi siempre bajo control. La acción transcurre casi siempre en decorados limpios y luminosos, casi irreales pese a su estricta contemporaneidad y la ausencia de estilización en el diseño de producción, y el tono del relato es casi siempre pudoroso y sobrio en su manejo de la emoción, envuelto casi en cierta atmósfera espiritual. La minucia por el detalle físico, que incluye toda una atención a los cuerpos, sus reacciones y sus tratamientos, revela acaso la formación de la directora Anspach, quien estudió en la Femis de París y había destacado previamente como documentalista. A partir de 1988 realizó un total de cinco documentales, además de un cortometraje de ficción, Vizir et Vizirette, en 1993.
La fuerza del corazón es su primer largometraje de ficción, y aparentemente la confirmación de un talento que sabe respaldarse muy nítidamente en su capacidad para la dirección de actores: los matices de emoción que es capaz de extraer del rostro y el cuerpo de su protagonista Wiard deben ser puestos por cierto en el haber de la actriz (que no en vano obtuvo un César por su labor), pero constituyen también un triunfo personal de la cineasta. *
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