Por siempre será rocanrol
Son los Stones, los Rolling Stones con una antología de más de una veintena de canciones donde sigue produciendo estragos títulos como ‘Satisfaction’, por ejemplo, y cuatro novedades que confirman ese deseo ya público de que la banda nunca quiere parar y no va a parar, aunque alguno llegue a sufrir de esclerosis y las guitarras dejen de sonar por un rato. Es el mensaje de Forty Licks: un disco que le abre las puertas a los más jóvenes a todo un fenómeno de la cultura de masas y, también, a los incondicionales.
El lugar común: los abuelos de rocanrol, las (ex) majestades satánicas festejan sus cuarenta años de ruta y, a la compilación para fans, se le agregan cuatro canciones inéditas que en primera instancia otorgan la lectura de que la banda no ha estado del todo inspirada en términos cuantitativos y que, por lo demás, todo sigue siendo rocanrol sin demasiadas novedades estéticas y estilísticas. El lema ha cambiado: ahora se trata de perdurar en el espejo de las nuevas y apetitosas generaciones y, al mismo tiempo, facturar y facturar porque los Rolling Stones es una marca de alto rango que nunca –aparentemente– está demasiado vieja para roquear y divertirse sin mayores rollos.
Leyendas vivientes, próceres –junto a Los Beatles, desde luego– de una forma de hacer música popular que cambió la mentalidad del planeta, los Stones tienen más atardeceres que cualquier centro balneario internacional y más noches que la luna: han vivido a full, pero toda sensación de escándalo ha quedado atrás como si se tratase de una estela mítica. Han probado todo y a todos con un modo musical ya harto reconocible y estimulante, ganchero como ocurre al escuchar, de primera toma, ‘Don’t stop’ con el bocón de Jagger aullando entre las guitarras como si fuese la primera vez. El resto de los materiales nuevos: ‘Keys to your love’ con métrica de rythm & blues delicioso en su estructuración arreglística; ‘Stealing my heart’, una canción adrenalínica, característica de los Stone con predominio de las guitarras; y, finalmente, la inflexión baladística de ‘Loosing my touch’, donde Jagger pulsea con su propia destreza expresiva y con esmeradísimos touchs de steel guitar, además de las finezas pianísticas.
Forty Licks es decididamente disfrutable con su larga trama de hits y estas cuatro novedades que, tal vez, sean más de lo mismo pero que no se apartan del recorrido estético de una banda que insiste y persiste en treparse a todos los podios. *
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