Las comedias salvajes
«Petuñas» (y no «petunias») salvajes alude a una estancia ecológica (y sus posibles pezuñas) donde la malévola dueña planea robar a sus huéspedes en medio de una fiesta. Ello pretexta quince personajes, muy en el gusto multitudinario de Dino Armas, con una fiesta, música, baile y profusión de trajes de colores. La trama se ve obstruida por las digresiones: es muy claro que el autor no tiene nada que decir y se demora en recodos, meandros y distracciones, porque no hay sustancia. El espectador, solicitado visual y superficialmente desde muy varios ángulos, se desentiende de lo que puede suceder y se reduce a lo que se puede ver. Podría creerse que nos habíamos metido de rondón en una fiesta de barrio en la que nada teníamos que hacer, faltó muy poco para que el público se pusiera a bailar también, como sucedía en las versiones donde los espectadores supuestamente «participaban» de «La boda», de Brecht o «El conventillo de la paloma» de Vacarezza, ambas por la Comedia Nacional. Como advertían los viejos filmes, toda semejanza de «Petuñas salvajes» con el teatro, si la hay, es pura coincidencia y nada o casi nada diríamos de esta nadería si no hubiera que anotarse, en honor a una afligente verdad, que «Petuñas salvajes» es un éxito de público. ¿Quién se está quejando? Son demasiados años con el pensamiento fijo en la boletería, con la meta, ridícula si no fuera peligrosa, de lo que se llama «vivir del teatro», identificando al «teatro» con la Comedia Nacional, que es un empleo público y cuyos actores no viven del teatro.
«Donde está tu tesoro está tu corazón», dice la Biblia. Se olvida que los años de auge del teatro uruguayo, que alimenta nuestros espíritus a la distancia, se debieron al coraje de una minoría que ignoró el bramido de las masas e insistió con lo mejor hasta educar y forma un público. ¿Qué clase de teatro apreciarían analfabetos que además fueran sordomudos? Pero lo que queda de aquel público, generalmente mayor de 60 años, está hoy desconcertado y en desbandada. *
PETUÃAS SALVAJES, de Dino Armas, por Teatro Experimental Arte, con Antonio Carmona, Alicia Cappeta, Hugo Da Cunha, Isabel Gazzo, Julieta Ganon, María de los Angeles López, María Carmen Filippi, Marisa Giménez, Mariucha Marchesano, Olga Eastman, Pablo Palacios, Sofía Secco, Wally Locanto y Ximena Massat, ambientación de Cristina Gallipoli, dirección y puesta en escena y dirección de Washington Sassi. En teatro de la Asociación Cristiana de Jóvenes, Colonia 1870, Tel. 400 11 16.
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