CORAZON DE FUEGO EN VALLADOLID

El ultimo tren se fue a España

El filme, dirigido por el uruguayo Diego Arsuaga, debutante en el largometraje (para él no cuenta el video Otario que presentó en San Sebastián en 1997), narra la historia de tres veteranos que secuestran una locomotora para que no sea exportada a Hollywood.

La película marca el reencuentro de los tres protagonistas de la argentina La Patagonia rebelde, que compartieron los años del exilio en España pero no cartel desde hace 30 años. «Fue una alegría muy grande volver a encontrarnos en una película y en un ambiente tanto más relajado y menos trágico que el de la ‘Patagonia’ -recuerda Soriano- donde estábamos rodeados de policías y militares sospechosos que serían los mismos que de ahí a poco iban a hacer desaparecer a 30.000 opositores».

«Más que la metáfora de la malventa de las riquezas al capital foráneo típica de América Latina, el filme es una excusa para hablar de unos viejos valores y de las diferentes maneras de medirlos», afirma el director que como buen uruguayo se sentó a la mesa de la rueda de prensa con su termo y su mate compartidos por Soriano.

Para Luppi, en cambio, el tema del filme es «la vigencia de la ilusión y la utopía en un mundo en el que han ganado los malos» y agrega que «el despojo y el castigo en nuestros países no son una metáfora sino la triste realidad».

«En el filme se habla de lealtad y de esperanza y creo que una visión humanista y una gran dosis de ingenuidad son necesarias para imaginar que se pueda vencer a los malos», añade Luppi.

Arsuaga afirma que los verdaderos «Amigos del Riel» que transformaron chatarra en locomotora funcionante e inspiraron la gesta del filme «son 70 veces más delirantes que los viejos de la película» y que haber podido realizarla es un verdadero milagro «no sólo porque los problemas que tuvimos con la locomotora no fueron tan difíciles de superar sino porque tuvimos la suerte de terminarla una semana antes de que se produjera la catástrofe económica en Argentina que afectó a todo el Cono Sur».

«Gracias a esto hasta pudimos cobrar lo que habíamos pactado» acotó Luppi.

Arsuaga rechazó las críticas al programa de Ibermedia que para algunos concentra las ganancias en los países de mercado más rico, como los europeos, porque sin ese programa «no podríamos hacer cine en América Latina» («la diferencia está entre hacer o no hacer la película, no hay disyuntiva», dice) mientras la productora ejecutiva (uruguaya pero de la Tornasol española), Mariela Besuievsky, presente en la mesa, asiente. *

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