Los gozos y las sombras
Con motivo del conflicto entre la IMM y Adeom, un montevideano reflexionaba: «Fíjese todos los beneficios que tienen… los privilegios que gozan», en referencia a los funcionarios municipales.
Estoy seguro de que si el complemento (los privilegios) no hubiera estado antepuesto al verbo (gozan), este ciudadano no habría omitido la preposición de: los funcionarios gozan de ciertos privilegios y no gozan ciertos privilegios. Parece pues de rigor que, al invertir el orden, se mantenga esa preposición de antes del relativo que: los privilegios de que gozan…
El verbo gozar puede tener diversas acepciones. En primer lugar, suele usarse para expresar complacencia, placer; también, y en un sentido similar, según nos ilustra el diccionario de la Real Academia, «conocer carnalmente a una mujer», omitiendo muy machistamente la inversa, de donde podría inferirse que las mujeres no están aptas para gozar a un hombre. En fin, para ilustrar esta última acepción, recurro a don Francisco de Quevedo y Villegas, cuyo soneto ‘A la edad de las mujeres’ empieza así: «De quince a veinte es niña; buena moza/de veinte a veinticinco; y por la cuenta,/gentil mujer de veinticinco a treinta./ Dichoso aquel que en tal edad la goza». Asimismo, gozar puede ser sinónimo de alcanzar la eyaculación o el orgasmo; aquí es intransitivo: se goza y punto.
Con esto pretendo demostrar que con excepción de la licencia anual el verbo gozar (en el sentido de disfrutar de beneficios o privilegios) debe ser seguido de la preposición de antes del complemento. Si digo que los funcionarios gozan privilegios (así, sin de entre verbo y complemento), estaría sugiriendo que tienen trato carnal con ellos, lo cual es un reverendo disparate.
También se goza de buena salud, de consideración, de estima o de reputación, ¿verdad, Pereira?
Mire Mendieta, para no perder la estima de que goza en este boliche, creo que debería mandar la vuelta.
¡Qué lo parió! *
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