Buenos alumnos de los años sesenta
POR WILMAR UMPIERREZ
Para ello causaron un efecto de shock con el fantástico video de la canción «Buddy holly», que arrasó en la entrega de premios de la cadena MTV, años atrás. Después llegó el éxito masivo y más de tres millones de discos vendidos.
Pero hay que ver cómo cambian las cosas. Después de estar toda una temporada parado al borde del suicidio y odiándose cuando se miraba al espejo cada mañana, el frágil Cuomo rearmó su existencia y con su banda se dio el gusto de aportar esperanza con este disco llamado Maladroit, un ejemplo de absoluta efectividad.
Fue como pasar de la oscuridad más absoluta al futuro más brillante de la forma más convincente, ya que no es desmesurado afirmar que este es el disco más variado y ecléctico de toda la carrera de la banda.
No parece buscar la contundencia que encontraron tras el paso del huracán Pixies, ya que su primer disco tenía mucho de la enorme banda de Boston, ni tampoco busca ir muy adentro de sus propias miserias humanas como lo hicieron en el olvidable Pinkerton y tampoco buscan la velocidad descontrolada como en su penúltimo material, aquel de tapa verde y pocas ideas, producido por el ex Cars Rick Ocasek.
Este Maladroit resulta ser un tira y afloja permanente entre las diversas corrientes creativas que salen de la capacidad compositiva de Cuomo.
En el disco encontramos a los Weezer más duros para luego llegar a playas más calmas y si lo escuchamos bien, se podrán encontrar fuertes referencias más tradicionales, con una asimilación perfecta de las lecciones tomadas de discos de los años sesenta.
Lo cierto que el ensamblaje entre los compañeros del complicado vocalista, es decir, el baterista PatrickWilson, el guitarrista Brian Bell y el bajista Mikey Welsh sin duda es el mejor.
Canciones como «Dope noise» o «Space rock» hablan de un grupo muy bien aceitado y que funciona de forma efectiva y por momentos, con una formidable facilidad para los coros pegadizos, los riffs contundentes y algunas melodías memorables que visten de muy buena forma a letras que logran cierta inteligencia y una madurez que seguramente va de la mano de la propia evolución de los músicos. Son probablemente muy buenos alumnos, gente que maduró procesos creativos con la mirada fija en el pasado y Maladroit es el ejemplo de que sin duda Weezer tiene más de una deuda que pagar. *
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