El shock en clave futbolística
Se trata de un programa que recopila accidentes e incidentes con un común denominador: hechos dramáticos, muchas veces trágicos, derivados de la irresponsabilidad humana o de la imprevisibilidad de la vida. Choques, caídas, animales que atacan, derrumbes, gentes atrapadas por el mar o por el fuego, muertes, etcétera. Un programa que carece de toda intención aleccionadora o didáctica; un programa que busca audiencia apelando a la acepción más despreciable del vocablo conmover: campea allí una especie de morbosidad obsesiva y reiterada.
Si a esta idea original se le agrega, en cada secuencia, un relato previo en clave futbolística es decir, si una muerte escalofriante, el despedazamiento de un cuerpo, un incendio o el ataque sangriento de un toro se cuentan como si se tratase de un partido de fútbol el resultado final no puede ser algo menos que doblemente desquiciante. Advierta, lector, que se dicen cosas del siguiente tenor (aunque esto no es una reproducción textual): «Â¡Uy, mire, mire cómo este hombre queda ensartado en el asta del animal!»; «Caramba, este conductor no advirtió la curva y se precipitó contra la multitud…! ¡ahí va, ahí va, vea, vea, ya no se puede detener… qué golpe terrible!»; «Quiso hacer una pruebita y le salió mal… ¡Aquí está!, quiere prender la antorcha y… ¡se prende fuego él, qué espantoso, cómo se quema, pobre hombre!».
¿Qué se ha logrado así? Trivializar, aún más de cuanto los españoles ya se encargan de hacer, circunstancias intrínsecas del padecimiento humano, sea éste provocado o no por la propia falta de responsabilidad o la inadvertencia de las personas y no sólo por lo imprevisible de la vida misma. El problema está en el daño que se le va haciendo a la sociedad, porque no hay una mayoría de televidentes y nunca será demasiado repetirlo que sean capaces de discernir y aplicar a tamaño engendro el castigo que derivaría, inexorablemente, del ejercicio del pensamiento crítico.
Pero además, esa impostación autóctona, esa escandalosa verbalización a las que aludí antes, han sido inducidas en el presentador, quien, obviamente, no tiene una trayectoria que le haya caracterizado, y menos mal, por semejante estilo. Otra afrenta a la sensatez que han perpetrado sus superiores.
Hay un dato curioso en todo esto. No podemos olvidar que este programa ha sido creado y producido en España. ¿Conoce usted, lector, los Principios Básicos de Programación que redactó el Consejo de Administración de la Televisión Española? Por lo que concierne a la cultura, reclama su «condición de fábrica de estéticas» y, por ende, «de escuelas del gusto y la sensibilidad», para tratar de «llevar la cultura a casa e incitar a salir de ella para vivirla». Y añade, con firmeza, que «la televisión se asimila como forma canónica del habla culta, lo que quiere decir que se constituye en el principal patrón a seguir por la audiencia». ¡Y nos mandan esta porquería envuelta en celofán!
Qué hipocresía la de ellos. Y qué vulgaridad la de nuestra televisión abierta, que la selecciona para un horario central. *
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