ARTE

El genio de Rembrandt en Montevideo

Las estampas originales provienen del Museo Casa de Rembrandt en Amsterdam, el lugar donde vivió buena parte de su existencia, entre 1639 y 1657. En 1620 entró en la facultad de letras y es registrado como Rembrandus Hermanni Leydensis (RHL), ciudadano de Leyden, iniciales con las que firmó sus primeros cuadros, para después hacerlo como Rembrandt (Harmensz van Rijn) y pasó a ser el único pintor de la historia de la pintura a ser conocido por su nombre de pila, aunque también Van Gogh firmó sólo Vincent pero no alcanzó a imponerlo fuera del cuadro. Nacido en Leyden, probablemente en 1606, aunque pudo ser en 1607, y también hay dudas acerca del día, el 15 de julio (eran épocas en que no importaban las fechas exactas), octavo entre nueve hermanos, hijo de un molinero de buena posición económica (Harmen Gerritszoom van Rijn), recibió la mejor educación posible, inclusive universitaria. En la culta ciudad natal estudió al mismo tiempo pintura en el taller de Jacob Isaasz van Swanenburg y más tarde, en 1623-24, se trasladó a Amsterdam para continuar en el taller de Pieter Lastman. Fuera de esas dos ciudades holandesas no visitó ni le interesó viajar a ninguna parte, inclusive Italia, en ese entonces el destino obligatorio de todo artista. Es que Amsterdam, en el siglo XVII, era el emporio comercial y cultural de un imperio en el norte europeo y la tolerante (en religión, filosofía y cultura) y enriquecida clase burguesa se abastecía de obras de arte italianas y de otras escuelas, a las que Rembrandt conoció muy bien. Su principal maestro (sin ser su discípulo) fue Rubens al que imitó en su obra y en su vida en los años mozos, para después superarlo ampliamente en profundidad conceptual, expresiva y emotiva. Rembrandt, por su enorme capacidad de invención técnica y la densidad que acompaña cada obra es considerado, justamente, el mayor pintor de todos los tiempos.

Se casó una vez y tuvo dos relaciones más. Saskia van Uylenborch, rica hija del síndico de Leeurwarden, emparentada con pintores y marchands, fue la primera mujer que retrató en varias (memorables) telas. A partir de ahí la vida de Rembrandt conoce un irresistible ascenso en todos los niveles y su fama se extiende fuera del ambiente local, contando con numerosos ayudantes en su taller y alumnos. Adquiere una mansión señorial, hoy sede del museo que lleva su nombre. Saskia muere en 1642 y un año más tarde Rembrandt entra en relaciones con la nodriza de sus hijos, Geertge Dircx, con la que tendrá un litigio por promesas matrimoniales no cumplidas. Se relaciona con Hendrickje Stoffels y se inicia un proceso de deterioro económico de la familia a tal punto que debe rematar su casa y mudarse a un barrio más pobre donde morirá el 4 de octubre de 1669.

«Ningún otro pintor concebirá la teatralidad de la vida social tan bien como Rembrandt. Vio a los actores que había en los hombres y a los hombres que había dentro de los actores (…) Para Rembrandt, al igual que para Shakespeare, el mundo entero era una escenario y conocía a la perfección la estrategia de la representación: el pavoneo, la afectación, el vestuario, el maquillaje, el repertorio de gestos y muecas, los movimientos de las manos, los ojos en blanco, la risa con el vientre y el sollozo entrecortado. Sabía qué apariencia tenía seducir, intimidar, halagar, consolar, adoptar una actitud concreta, decir un sermón, agitar un puño, descubrir un pecho, pecar, expiar la pena, cometer asesinato o suicidarse. Ningún artista ha estado tan fascinado por los gestos de las personae, empezando por los propios. Ningún pintor observó nunca con una inteligencia tan pródiga ni una compasión tan inagotable los estímulos previos a una situación, las reacciones posteriores y el desordenado espectáculo que se ofrece entre ambos», escribió en un ensayo magistral, recientemente editado, Simon Schama.

Rembrandt tenía, en sus momentos de efímera y sólida gloria mundana, una colección de objetos, libros y cuadros de los mejores artistas europeos, preferentemente italianos de su tiempo. E hizo de la Historia Natural de Plinio El Viejo un instrumento de educación y consulta teórica impostergable, llegando a pintar con los cuatro colores fundamentales de Apeles (negro, blanco, ocre y tierra roja). Su grandeza radicó, como en el legendario pintor griego, en saber «cuándo se debía dejar el pincel». La pintura de Rembrandt, además de los museos holandeses, se reparten por colecciones privadas y museos: la Galería Nacional de Londres, donde están muchos notables retratos, Glasgow, París (Louvre y Museo Jacquemart-André), Washington, Moscú, San Petersburgo, Kassel, con un retrato juvenil admirable, Madrid, Los Angeles, Minneapolis, San Francisco, Melbourne, Nueva York, Berlín, Dresde, Munich, Frankfurt, Colonia, Viena, Estocolmo, Edimburgo, San Pablo. Incluso el Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires tiene un retrato excelente de la hermana.

Holandés por excelencia («Pintad en holandés las cosas de Holanda», aconsejó) sobrepasó los límites locales para alcanzar la esquiva universalidad. Su poderío imaginativo fue tan asombroso, su refinamiento tan enorme, su conocimiento de hombres y mujeres tan penetrante que dejó una obra exultante y exaltante de la condición humana («Yo no busco a los hombres-escribió-sino a la libertad»). Fue un romántico y un visionario, donde la belleza estuvo integrada a la vida misma. Ningún tema le fue ajeno. En los últimos años de su gloriosa vejez, su estilo barroco adquiere una grandeza soberbia, en la sutileza de la sensual pincelada suelta que parece sobrevolar la tela y en la construcción de las formas, de extrema complejidad, pocas veces observadas en cualquier pintor del mundo occidental. Muchos de sus cuadros fueron recortados para adaptarlos a las medidas de la habitación en que fueron ubicados, como sucedió con La ronda nocturna (que en realidad es diurna), salvajemente mutilada.

Durante veinte años se ejecutó el Proyecto de investigación Rembrandt, un escrupuloso y controvertido estudio sobre la producción rembrandtiana a cargo de un nutrido equipo de especialistas, con la finalidad de adjudicar la autoría real de sus cuadros que desató una intensa polémica pues en la torrencial documentación muchas obras atribuidas al maestro del barroco resultaron ser de sus discípulos (tuvo más de 20 en su estudio copiando su estilo), para desesperación de sus propietarios que vieron, de repente, desacreditadas sus colecciones y disminuida su fortuna. Hasta el pintor español Antonio Saura escribió una carta divertida y mordaz a Rembrandt contándole que algunos de sus más admirados cuadros ya no le pertenecían. Rembrandt fue también grabador. Dejó más de trescientas planchas de cobre trabajadas al aguafuerte, buril y punta seca, en una permanente investigación técnica y expresiva sobre la luz y el claroscuro, un legado formidable que maestros posteriores (Goya, Picasso) supieron valorar. La precisión y minuciosidad de cada grabado Rembrandt (en algunas exposiciones se suministra una lupa al visitante, como la que tiene lugar en Roma actualmente, con la luz general en penumbra e iluminando cada obra), la espontaneidad del trazo, casi sin retocar, convierten a cada obra en una lección permanente de soluciones del dibujo y un disfrute inagotable para el receptor que recorre diferentes temas, desde los numerosos autorretratos (una galería de imágenes biográficas que recorre toda su fecunda vida), paisajes (apenas 24), escenas bíblicas (habitual en la época) y costumbristas (algunas de empinado atrevimiento), desnudos con marcado erotismo y otros retratos.

El privilegiado público uruguayo deberá prepararse para recibir esta sensacional exposición de grabados de Rembrandt y s
ería conveniente que leyera, entre otras monografías, el apasionante libro de Simon Schama titulado Los ojos de Rembrandt, distribuido por Sudamericana. Durante la exhibición, que se prolongará alrededor de un mes, se proyectará el video de Kees van Langeraad titulado Rembrandt, la búsqueda de un genio, de 54 minutos de duración, realizado en 1991. *

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