Un voto en minoría
De una duración sólo comparable a los seis meses del Carnaval veneciano en los últimos días de la decadencia de la Serenísima, nuestros gobernantes apoyan, creemos que con cierta inercia, como si se tratara de una fatalidad escrita en las estrellas, uno de los más extensos y antidialécticos del mundo contemporáneo: sospecho que sin el favor oficial, que dedica a su promoción el dinero de todos los contribuyentes, tanto de aquellos a quienes atrae el Carnaval como de aquellos a los que es indiferente, o bien no existiría o bien sería, como en la muy cercana y similar Buenos Aires, una celebración neutra, sin ningún relieve.
Pero lo más misterioso de todo es que se califique de «fiesta popular» a una serie de espectáculos programados con antelación, donde el ciudadano no tiene ninguna posibilidad de participación distinta de la del estático espectador, algo muy distinto del participante de una fiesta, necesariamente activo.
Como espectáculo teatral «Murga madre» sobreestima, sobre todo, la pregonada atracción del género tanto como el ingenio de los libretistas.
La murga no es nuestra música popular, como tampoco lo es ni el tango ni el candombe; sus orígenes españoles, sean gaditanos o de Ciudad Rodrigo, parecen difíciles de impugnar. Todas las anexiones nacionalistas, amén de erróneas, son producto de intelectuales que no se han acercado lo bastante a cualquier lugar de diversión con música como para saber que las maravillas de la salsa y la bailanta, que han sustituido a las cumbias, son nuestra verdadera música popular.
En cuanto al texto, las pocas canciones de la obra están espaciadas por diálogos que son, en el mejor de los casos, de una ingenuidad tan propia de un público infantil como los chistes y el maquillaje circense, que asemejó a los actores con los payasos; el movimiento escénico pareció limitado por las mínimas dimensiones de un tablado que no existía.
En cuanto a las canciones, reconocemos nuestra incapacidad para apreciar lo que se llama la música de las murgas y, en general, «música popular», y aún para apreciar lo que podemos entender de las letras.
Las voces de Lombardo y Routin son agradables; en las canciones, algunas tan añejas como de 1964, encontramos al ritmo muy monótono y a las melodías de escasa inventiva. El diccionario de la Real Academia Española define así «murga»: «Compañía de músicos malos que a pretexto de pascuas, cumpleaños, etcétera., toca a las puertas de las casas acomodadas, con la esperanza de recibir algún obsequio». Montevideo, sin duda, es una casa acomodada. *
MURGA MADRE, de Edú Lombardo y Pablo Routín, con actuación y canto de los autores. Ambientación sonora de Luis Restuccia, Fernando Toja, Pablo Routín y Edú Lombardo, luces de Eduardo Guerrero, vestuario de Soledad Capurro y Fabiana Ardao, música de Edú Lombardo, letras de Pablo Routín y Edú Lombardo, dirección musical de Edú Lombardo, dirección general de Fernando Toja. En Teatro Alianza, Paraguay 1217 Tel. 908 19 53.
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