PREMIOS MTV LATINOAMERICA

La feria de las opacidades

Muchos fueron los invitados a la ceremonia conducida por el mexicano Diego Luna y el argentino Mario Pergolini. Y después de la extensa velada, ocurrida el jueves por la noche en Miami, dominios del productor Emilio Estefan, más aun se afirma la idea de que esta saga de premios  entregados a la comunidad de músicos latinoamericanos vinculados a la estética rocky pop  no tienen un valor cultural. Tampoco tales galardones otorgan mayor prestigio, sino en todo caso un espaldarazo literalmente de popularidad y de que se está haciendo lo políticamente correcto, sin desafiar a las productoras de discos y reafirmando ese concepto de la cultura de masas de que, si no estás en MTV, no existís como posible proyecto.

Es decir que, cuando se entregó a Soda Stereo su premio para transformar a una gran banda en leyenda del rock latinoamericano, se saltearon groseramente a figuras de mayor ambición y exigencia creadora como Luis Alberto Spinetta, Cazuza o los Redondos, o pioneros como los Fattoruso o Lito Nebbia. Errores de enfoque, de manejo de un criterio cultural al que hay que falsear por maniqueo y poco estimulante en lo estrictamente creativo.

El valor cultural se deroga cuando, por ejemplo, en la categoría de artista nuevo suroeste el uruguayo Jorge Drexler debió competir con esa calamidad denominada Bandana (quienes finalmente fueron las vencedoras), algo así como agua y aceite en términos de condición artística, y otros descartables o, cuando en la categoría mejor artista del año, disputaron el cetro Skakira (la gran vencedora de la noche con cuatro galardones), Juanes, La Ley, Alejandro Sanz y Diego Torres (premiado como mejor artista suroeste, ¿puede ser o es una broma de mal gusto?).

Esa sensación de quebrar escalas de categorización estética, de desestimar el predominio cualitativo de los artistas para que estén todos los géneros o estilos contenidos en la feria de las vanidades u opacidades del tercer mundo musical, viene a ser, pues, el proyecto que en bambalinas animó Emilio Estefan desde siempre. Habrá que falsearlo, contradecirlo porque, en rigor, no genera identidad.

¿Cómo puede, en la zona internacional de las premiaciones, la canadiense Avril Lavigne, versión «rebelde» para las tribus del pop y rock teenager, estar por encima de itinerarios musicales de mayor resolución y contundencia musical como Gorillaz? Afortunadamente, pese a la propia diversidad del quinteto, se bendijo a los Red Hot Chilli Peppers como mejores artistas rock. Algo que debe ponerse en duda en la zona latinoamericana: ¿es verdaderamente La Ley  quienes actuarán en noviembre en Uruguay  la mejor banda de rock del continente, según quedó estipulado por MTV y sus fans?

¿Podría haberlo sido el colombiano Juanes o los atractivos Aterciopelados, los argentinos Babasónicos o Catupechu Machu? Por cierto que no. Y del quinteto seguramente los Aterciopelados poseían una ventaja sobre el resto.

Lo cierto es que Shakira es la artista del año, según los mandamientos de MTV, en una temporada musical a nivel latinoamericano cuyas mayores promesas y mayores logros no estuvieron, en efecto, dentro del target que modula la cadena de videos musicales.

Si Shakira ha mejorado notoriamente su sonoridad, su puesta en escena, la proyección de su imagen es porque su compañía discográfica le brindó un respaldo y un marketing superlativo para consolidarla continentalmente y lanzarla al mercado angloparlante. Lo logró, aunque perdió densidad en su nivel creativo: siempre hay un precio que pagar en estas cuestiones. Shakira bien que lo sabe y todavía está a tiempo de hacer correcciones sin dejar de tener respaldo de una mejor discográfica.

Humor deliberadamente osado utilizaron Diego Luna y Mario Pergolini en la jornada del jueves por la noche en Miami, este último ceñido a un guión de segunda mano que no le permitió improvisar su gran sentido del humor.

Luna, con mayor vigor, supo zafar y logró algunos gags que llamaron a la risa. Pero, en rigor, la ceremonia tuvo un tono de pobreza, aun cuando en escena lograron levantar el espíritu Santana y Michelle Branch y la presencia excepcional de los Café Tacuba apoyados en coros por Erica García, Javiera Parra y Ely Guerra. Después, el imperio de lo efímero.

Nada sorprendente la entrega de los premios MTV LA: todo fue más bien previsible dentro de un modo de encuadrar una idea pretendidamente cultural que no parece la más apropiada. Y la comprobación del corto aliento creativo  según lo que mostró MTV  que está vivenciando hoy la cultura pop latina, a excepción de los excepcionales. *

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