La crónica policial en TV
Indro Montanelli, el gran periodista italiano recientemente fallecido, decía: «Hemos de interesar al público. Hay muchos pecados que se pueden cometer en el ejercicio de la profesión. Entre los más graves está el aburrimiento». Y agregaba: «Interesar quiere decir explicar, responder (…) Mal si uno tiende a sorprender cuando basta con explicar; o si uno analiza cuando el objetivo, en aquel momento, es sólo el de suscitar curiosidad».
Puede que la crónica policial de los noticieros de la televisión uruguaya no aburra; pero es igualmente cierto que no investiga ni analiza y no respeta el derecho de los ciudadanos a no ser agredidos por la vulgaridad o el morbo, un derecho tan importante como el de ser debidamente informados, ni el de algunos actores de los hechos en ocasiones involuntarios a su privacidad.
Un ejemplo de esta irrespetuosidad lo hubo días pasados, cuando un cronista policial interrogó sin piedad al padre del chico desaparecido en una cañada, mientras el hombre, sollozante, desesperaba por la búsqueda infructuosa de su hijo. Hubo ahí un abuso del profesional, quien insistió y logró algunas respuestas balbuceantes sin ningún valor informativo, de una persona que estaba emocional e intelectualmente en clara desventaja frente al periodista.
¿Por qué son así las cosas?
En primer lugar, hay un problema de deformación profesional. Quienes se ocupan de la crónica policial no sólo no han sido preparados para un trabajo tan delicado, sino que, inversamente, muchas veces son deformados por dos influencias decisivas: qué tipo de material les piden sus superiores y cómo les absorbe yo diría culturalmente, si se me permite el exceso el microclima creado por la única fuente a la que consultan con regularidad: la policía.
La consecuencia es lógica. La crónica casi siempre es roja se regodea en la sangre, en los cuerpos yacentes, en un vocabulario de baño de comisaría e informativamente escasa, pedestre. No explica ni responde, no informa ni orienta y tampoco es habitual que suscite curiosidad. El cronista policial suele recibir la información de fuentes policiales; es una información a veces interesada, con frecuencia errónea, incompleta o demasiado primaria. En descargo del cronista debe decirse que otra fuente a todas luces necesaria, la judicial, hace todo lo posible, aislada en su burbuja, por complicar la labor periodística.
Sería bueno que la televisión cambiara, el menos en este aspecto. Que el cronista policial hiciera lo que debe hacer cualquier periodista: detectar una noticia, usar el análisis lógico para valorarla, investigar para obtener y chequear toda la información posible y, finalmente, dar la crónica al telespectador con un sentido de bien común, orientando y respetando, al mismo tiempo, lo que debe ser respetado.
Vuelvo a Montanelli: «¿Qué es un periodista hoy? Desde luego, no es lo que era hace cincuenta años. Entonces era el vehículo de las noticias. Hoy, diría yo, es sobre todo el intérprete de las noticias. No sólo cuando hace de comentarista. También cuando hace de cronista. La mole de noticias es tal, que la selección de éstas ya implica un juicio de oportunidad y valor». *
Compartí tu opinión con toda la comunidad