DISCO DE PETER GABRIEL

Melancólica de un compositor mayor

Es el caso puntual de Up, su nuevo disco, donde la experimentación continúa con resultados formidables en la decena de canciones que formalizan este proyecto musical. Ahora el rostro de Peter Gabriel, en el sobre del compacto Up, aparece difuso en estos tiempos de caos y confusión, más oscuros o grises que luminosos. Ya no aparece reflejándose en un parabrisas o con el rostro pintado como si se tratase de un arlequín que se adueña de toda la fiesta.

Es el camaleón/autor delatándose con su largo y frondoso aliento compositivo e interpretativo, con años de acumulación de experiencias de vida y de peripecia artística que, en definitiva, lo sitúan como un referente y una suerte de icono nobilísimo de la cultura rock.

Es el señor Peter Gabriel, el inolvidable ex Génesis, que en su nuevo disco vuelve a experimentar con su amplio registro vocal como hace mucho tiempo que no lo hacía.

Y, con textos de mayor despojamiento sin perder espesor poético y ese lirismo lacónico que caracteriza a su apalabrar, el fluir de las diez canciones de Up tienen ecos de The Lamb Lies On Broadway, último disco que grabó para Génesis y uno de los mejores de la historia del rock, estrictamente en los modos varios en que utiliza la paleta de coloraciones que posee este cantautor superlativo.

El resultado global del compacto, que abre con la espléndida «Darkness» y cierra con una pequeña pieza maestra como «Signs To Noise», es ferozmente refinado, puntilloso, inspiradísimo en su concepción y desarrollo y lo es, también, si pensamos en la creativa estructura arreglística y en donde lucen músicos fieles -y de comprobada versatilidad y virtuosismo- a la estética de Gabriel como Davis Rhodes, Tony Levin o Manú Katche.

Es un disco, asimismo, de contemplación y no tanto de posesión en sus construcciones letrísticas; un disco que se juega por la puntuación inevitable de reflexionar y/o constatar los guiños el mundo y su entorno, la interioridad del yo particular ya sea encubierto o no en esas inflexiones baladísticas de una temperatura melancólica que de pronto estallan a roquear y vuelven si se quiere a una grafía minimalista con atmósferas de música étnica en los ritmos que aparecen con potencia o en ocasiones con lejana presencia, apenas apuntes alrededor de la voz, mejor dicho las voces que derrama Gabriel a lo largo y ancho de sus canciones con una contundencia realmente desdoblegadora.

Y aun más: ese temblor de voz, ese modus operandi tan fino y generoso hace que Lord Gabriel logre no solamente comprobarse a sí mismo y a la reflexionar desde adentro de una obra, si no que parece estar reciclándose en forma permanente.

Es Peter Gabriel. Basta escuchar, por ejemplo, canciones como «Sky Blue» o «I Believe», para comprobar los dones y el eclecticismo fascinante de Gabriel.

Cada disco nuevo suyo es una forma de aprendizaje, de rigor compositivo, de excelencias en todos los recursos técnicos y tecnológicos que permiten la gestación de un grupo de canciones.

Pero Up, que así también se denomina un meritorio disco de REM, es una obra mayor sobre todo por su poderío creador y es, desde luego, uno de los mejores discos de 2002. *

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