Cómo convertirse en un clásico
La primera vez que los RHCHP pisaron la capital porteña fue en el año 1993. El escenario fue Obras y las diez mil personas que fueron a ese show se pararon frente a una banda que había levantado vuelo a partir de ese disco extraordinario que es Bloodsugarsexmagik.
Ya se sabe lo propenso a los mitos que es el público argentino y esta vez la pasión se acentuó por el hecho de que la banda decidió no ganar dinero y puso las entradas a precio de default, sólo por el hecho de venir a tocar aun en momentos difíciles como éstos, en los cuales no se esperan más visitas internacionales. Incluso los Stones, que se consideraban «unos argentinos más» se borraron ante la circunstancia financiera negativa.
Pasadas las 21.30, los primeros acordes de «By the way» significaron el inicio de una reunión religiosa que duró mas de dos horas. Ya desde el comienzo, la comunión banda y público se fue acrecentando hasta niveles sobradamente emotivos, con algunas palabras en castellano entre Kiedis y Flea, lo cual no dejaba de ser simpático. Con un sonido contundente y compacto, la banda no esconde su herencia californiana –Beach Boys o The Byrds, por nombrar sólo un par de referentes– al tiempo que la guitarra de John Fruciante realiza verdaderas proezas, con una sencillez conmovedora. La base conformada por el bajo de Flea y la batería de Chad Smith funciona como un perfecta maquinaria de relojería, mientras la voz de Kiedis no pasa vergüenza debido a la nueva orientación estilística del grupo.
Ante el estado de exaltación del público, el cantante sugirió «tengan cuidado con sus hermanas», a lo que el bajista agregó que «mucho tranquilidad y mucho paz», además de recordar a Maradona, instantes antes de mandarse con un solo distorsionado, presagio de «Otherside» a la que siguió la formidable «Around the world».
El espectáculo fue, si se quiere, un repaso de los hits de la banda, fundamentalmente de By the Way, su último disco, producido por el mago Rick Rubin que es el responsable de este gran actual momento. Reafirmado por la entrega de la gente, «Can’t stop» le abrió el paso a «Californication» y la misa estaba en su mejor momento. Para el final se reservaron los megahits «Give it away» y «Under the bridge», cerrando con una incendiaria versión de «Search and Destroy», de la gran iguana Iggy Pop, con Flea parado sobre la batería.
Los Red Hot Chilli Peppers pasaron por Buenos Aires y demostraron por qué son una de las bandas más grandes de la actualidad, por postura y por música, y aclararon una vez más que la pasión por la música va mas allá de los pésimos momentos que se están viviendo por estos lares. *
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