XVII FESTIVAL IBEROAMERICANO DE TEATRO DE CADIZ (I)

Con Alberti en la memoria

Después de que un elenco vasco, otro argentino (ambos englobados en la modalidad del «teatro de calle») y una formación teatral andaluza iniciaran el viernes 18 el evento de este año, el FIT prosiguió con dos estrenos de importancia: el de un conjunto mexicano y el de nuestra compatriota Nidia Telles.

El sábado 19 la única actuación de Susana Rinaldi fue –junto a la segunda función del unipersonal de Nidia Telles– el segundo de los «cuatro platos fuertes» del XVII FIT, siendo los otros dos –muy esperados– la actuación de Eduardo «Tato» Pavlovski y la del Ballet Nacional (de España) con la «Fuenteovejuna» de Antonio Gades. Estos espectáculos de la «Tana» y del Ballet Nacional confirman –una vez más– el verdadero carácter del Festival de las Artes Escénicas del FIT.

Homenajes a Rafael Alberti

Este año se cumple el centenario del nacimiento del poeta Rafael Alberti, nacido en el Puerto de Santa María (frente a Cádiz, al otro lado de la bahía gaditana). Esta edición del FIT está bajo su advocación y varios homenajes recordarán al autor de «La arboleda perdida» (escrita, por cierto, en su exilio rioplatense).

Puede considerarse el primer homenaje la función inaugural del FIT en la que el Centro Andaluz de Teatro presentó «La lozana andaluza», la novela (primera novela picaresca de la literatura española) de Francisco Delicado (1480-1547?), en la versión teatral de que este clásico del siglo XVI realizó Rafael Alberti. (Representación de la que nos ocuparemos luego.)

El segundo –más importante– fue la entrega a la Fundación Rafael Alberti del III Premio del Festival Iberoamericano de Teatro, galardón que lleva el nombre del insigne hombre de teatro uruguayo Atahualpa del Cioppo.

El tercero –finalmente– consistió en el descubrimiento de una placa con versos de poeta, dedicados a Cádiz, junto a un drago (árbol originario de las Islas Canarias del que existen muchos ejemplares en la región gaditana) en el Castillo de Santa Catalina (un baluarte de las defensas de la ciudad, que se asoma a la bahía justo enfrente del Puerto de Santa María).

Resulta altamente significativo que el Premio del propio FIT –el Atahualpa del Cioppo– haya sido otorgado a la Fundación que preserva y difunde la obra de Alberti. Ambos se conocieron en Uruguay, durante el exilio de Alberti en el Río de la Plata y compartieron amistad, ideología y amor al teatro, aunque Alberti –como recordó María Asunción Mateo, su viuda y presidenta de la Fundación– siempre consideró que «su teatro no había sido valorado como él esperaba», lo que para él «era una espinita clavada». Fue en Argentina y Uruguay que escribió obras teatrales como «El hombre deshabitado», «La gallarda» y «Noche en el Museo del Prado».

La viuda de Alberti recibió el trofeo del Premio de manos de la viuda de Atahualpa del Cioppo y de la alcaldesa de Cádiz, Teófila Martínez, en el Salón de Plenos del Ayuntamiento gaditano, en medio del aplauso unánime de los asistentes, entre ellos los numerosos «teatreros» latinoamericanos que han acudido al FIT.

En el discurso de presentación del Premio, la alcaldesa (que preside el Patronato del FIT) recordó la relación «artística, literaria y vital» de Alberti con Latinoamérica, en la que vivió 24 años de exilio, «en la que fue acogido con los brazos abiertos» y rememoró la frase de un poema albertiano escrito cuando partió del Río de la Plata a Roma: «Os llevo retratado en los ojos y en ellos siempre estarán pintados caballos y pampas».

Por su parte, María Asunción Mateo, que declaró «sentirse llena de todos los versos de Rafael», subrayó que el poeta portuense pasó en Argentina y Uruguay «los años centrales de su vida» y «de su creatividad», años «que fueron de los más felices de su vida». Manifestó que la «separación de América» fue para él «dolorosísima», ya que la consideraba su «segunda tierra». Y agradeció el premio como «otra muestra del cariño que toda América Latina siente por Rafael».

En un breve intercambio de palabras con este corresponsal, María Asunción Mateo subrayó «la ideología revolucionaria de Rafael y Atahualpa» y manifestó que en la Fundación «guste o disguste a algunos», queda patente que «Rafael fue comunista hasta su muerte, como lo fue Atahualpa» y que aunque muchos quieren olvidarlo, ella no cejará en recordarlo. No quiero –nos dijo– un poeta «ideológicamente descafeinado».

El amor a Cádiz de Alberti

Al día siguiente, el tercer homenaje a Alberti fue la descubierta de una placa junto a un drago recientemente plantado en el Castillo de Santa Catalina, un antiguo baluarte de las defensas costeras gaditanas recuperado como centro cultural.

«Rafael amaba el drago y decía que quisiera ser centenario como el que está en la Alameda gaditana», nos recordó la viuda del poeta, señalando que por poco logra cumplir su deseo (Alberti falleció –hace pronto tres años– con 97 años). Junto al ejemplar recién plantado una placa de bronce recoge unos versos de Alberti de su «Oda marítima», escrita en 1953 en Punta del Este y dedicada a Cádiz: «por haberte llevada tantos años conmigo, / por haberte cantada casi todos los días, / llamando siempre Cádiz a todo lo dichoso, / lo luminoso que me aconteciera».

Una desvaída y nada Lozana Andaluza

Mucho menos exitoso resultó el homenaje del Centro Andaluz de Teatro con su puesta en escena de la versión teatral que en 1963 escribiera Alberti sobre la ingente novela del judío converso Francisco Delicado, que Alberti consideraba «la madre de la novela picaresca española».

«El retrato de la Lozana Andaluza (título original del manuscrito de Delicado) se convirtió en manos del Centro Andaluz de Teatro en una «desvaída» representación teatral, sin matices y con un general tono chato –más evidente en los protagonistas: la prostituta Aldonza y su amante-cómplice-criado Rampin–, y pretendiendo una intemporalidad hay una ambientación moderna de la acción (en el vestuario y en la presencia de un «club» con letrero de neón). Pero ello no sólo no funciona sino que resulta contraproducente en una obra tan ligada a la época en que transcurre: los inicios del período del Renacimiento en la Roma papal, en los años del Saco de Roma por las tropas de Carlos V. Por si fuera poco, el elenco oficial andaluz cae en el «pecado original» de muchos elencos oficiales españoles (por no decir todos): la muy deficiente vocalización de los actores. Que no se oiga a los intérpretes más allá de la fila 7 y no se les entienda los parlamentos más allá de la 5, es un «pecado imperdonable» aun en una obra que narra la disolución de las costumbres y la corrupción (y por tanto está llena de «pecados»).

La fría acogida del público, que apenas llenó la mitad del aforo del Gran Teatro Falla (principal sala local), demuestra una vez más el buen criterio y madurez del público gaditano, que ya ha visto montajes del Centro Andaluz de Teatro y por ello no acudió en masa al estreno, para enterarse por el «boca a boca» si valía la pena venir a la segunda función. En ésta hubo aun menos asistentes…

Las otras obras representadas

Dos obras de «teatro de calle» («Tambours de feu», del conjunto vasco «Deabru Beltzak», y «Ponele onda», de los argentinos «Tangorditos») completaron la jornada inicial.

En los dos días siguientes se han presentado las dos muy esperadas funciones del monólogo «Gracias por todo» de la actriz uruguaya Nidia Telles –quien reeditó el éxito clamoroso que en anterior festival protagonizara con su recordada «Madame Curie»–, el espectáculo «El ayer, el hoy y el todavía» de la «Tana» Susana Rinaldi, y una muy buena obra mexicana («F
eliz nuevo siglo Doktor Freud», por el elenco «Los Inconscientes»).

Todos ellos serán objeto de comentario en próxima nota desde esta atlántica y bella ciudad de Cádiz, hogar del Festival Iberoamericano de Teatro. *

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