Centenario de un hombre moderno
Un pianista se prepara meticulosamente para dar su primer concierto en un teatro del Interior. Ensaya hasta su entrada al escenario, pero no prevé que un gato subirá al escenario con él. Un frustrado vendedor puerta a puerta de medias, marca «Ilusión», idea ponerse a llorar para mejorar sus ventas. Un balcón se desploma por celos. Un hombre sueña que en algún momento fue un caballo. Un distraído pasajero de un tranvía es «vacunado», con una extraña jeringa. Se da cuenta que le han inoculado la propaganda de unos muebles que suena constantemente en su cabeza.
El universo de los relatos de Felisberto Hernández es tan extraño como cotidiano. Se lo ha señalado más de una vez como uno de los pioneros, junto a Jorge Luis Borges y Macedonio Fernández (casualmente o no tanto, todos autores rioplatenses) como un pionero de la literatura fantástica latinoamericana, un antecedente fundamental del realismo mágico que vendría después.
Pero la fantasía de Felisberto no es la ficción desmesurada y mágica de García Márquez, sino una de todos los días, que parece estar más dada por el sujeto que observa las situaciones que por la situación en sí. Es posible comparar la literatura de Felisberto con el cine de Buster Keaton en la que un personaje impasible debe hacer frente a situaciones totalmente inesperadas, que generalmente lo sobrepasan ampliamente, en su humana pequeñez, pero que nunca lo sorprenden demasiado. Esas situaciones pueden ser tan fantásticas -como comenzar a emitir luz por los ojos-, como comunes -la aparición inoportuna de un gato-.
Felisberto fue también un pionero en basar su literatura en el ambiente de una gran ciudad y diseñar personajes pertenecientes a la clase media, siendo un cronista de la modernidad. Los medios de transporte, la radio, los discos, las tiendas, el cine, la publicidad son materia de gran parte de sus cuentos. Un relato como «Muebles El Canario», en el que el personaje debe sufrir una invasiva propaganda que suena adentro de su cabeza, es ,cincuenta años después de escrito, de una enorme vigencia.
Su forma de escribir llena de coloquialismos y exenta de afectación literaria, fue también revolucionaria. En su época llegó a decirse que escribía «mal».
Se ha hablado muchas veces de que Felisberto no se parece a nadie y es cierto, pero también es verdad que su literatura es profundamente uruguaya. Una edición española de sus cuentos puebla los textos de diversas llamadas para traducir los uruguayismos del escritor. Allí uno se da cuenta de cómo la escritura de Felisberto refleja a esta tierra.
Escritor musical
Antes de consagrarse como escritor, Felisberto era un músico muy conocido, pianista de cartel en Montevideo, Buenos Aires y diversas poblaciones del interior de ambos países. La música tiñe toda su obra. En forma literal, ya que el personaje principal de sus cuentos es él mismo -un pianista pobre, obligado a dar interminables giras dando conciertos- y también en las metáforas y en el ritmo narrativo. El contacto del artista con la vanguardia musical de su época es trasladado a las palabras. Hay mucho de fragmentación, de aleatoriedad y de evitación de lo lineal en sus cuentos, que tiene mucho que ver con la música. Hay que destacar que Felisberto fue también un muy creativo compositor, con obras muy destacables como «Negros», «Borrachos» o «Festín Chino» cuyas partituras, por suerte, han sido recuperadas.
Felisberto Hernández falleció de leucemia el 13 de enero de 1964.
Fiel a la extrañeza de su obra, dejó unos cuantos cuentos escritos en un sistema taquigráfico de su invención que aún no se ha podido descifrar. El resto de su obra publicada está ahí pronta para descubrir. *
Felisberto en décadas
1901/1920
1902- Nace Feliciano Felisberto Hernández en Montevideo el 20 de octubre.
1921/1930
1925- Se casa con la maestra María Isabel Guerra y ese mismo año publica su primer libro, Fulano de Tal. En 1926 nació en Maldonado su primera hija, Mabel.
Se publica Libro sin Tapas en 1929 y La cara de Ana en 1930. Su interés por la filosofía, la psicología y el arte, lo llevó a integrar el círculo de amigos al que pertenecían Vaz Ferreira, Alfredo y Esther Cáceres y Joaquín Torres García, entre otros.
1931 /1940
Publica La envenenada en 1931.
En 1937 se casa con la pintora Amalia Nieto (En 1935 se había divorciado de María Isabel Guerra). En 1938 nace su segunda hija, Ana María. En 1939 estrena Petruschka de Strawinsky en el Teatro del Pueblo. Hacia 1940 abandona definitivamente su carrera de pianista y se dedica a la literatura.
1941/1950
En 1942 publica Por los tiempos de Clemente Colling y en 1943 El caballo perdido, obteniendo un premio del Ministerio de Instrucción Pública. Ese año se separa de Amalia Nieto.
En 1946 viaja a París con una beca del gobierno francés. La Editorial Sudamericana publica en 1947, Nadie encendía las lámparas. A fines de ese año, su mentor y amigo, Jules Supervielle, lo presenta en el Pen Club de París y en el anfiteatro Richelieu de La Sorbonne. Aparece en La Licorne la primera traducción al francés del cuento «El balcón». En 1948 regresa a Montevideo. Se casa con la española María Luisa de las Heras, de la que se separa en 1950. En Escritura aparece por primera vez Las Hortensias en 1949, publicada en 1950 por editorial Lumen.
1951/1960
En 1954 se casa con la pedagoga Reyna Reyes. En 1955 publica su «manifiesto estético»: Explicación falsa de mis cuentos en La Licorne. Ingresa de taquígrafo en la Imprenta Nacional (él mismo había inventado un sistema taquigráfico con el que copió algunos de sus cuentos y el cual, aún, no ha podido ser descifrado). En 1958 se separa de Reyna Reyes. En 1960 publica La casa inundada. Ese año comienza su noviazgo con María Dolores Roselló.
1961/1964
En 1962 sale la edición de El cocodrilo y, póstumamente, en 1964, Tierras de la memoria. Muere el 13 de enero de 1964. *
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