"PATE DE FUA" Y "LUGARES COMUNES" EN EL TEATRO DEL MERCADO

Humor negro, barrio simple

Dos hombres discuten sobre cómo es el uruguayo, sus virtudes y sus defectos; se agreden verbalmente y revelan en la última frase que no son uruguayos. Una patrona maltrata en casi todas las formas imaginables a su doméstica grávida; sólo en la última escena sabremos que además le ha impedido, ese día, velar a su madre. Un psiquiatra es interrumpido telefónicamente en plena sesión de sexo en una casa de citas porque un paciente amenaza suicidarse lanzándose al espacio desde lo alto de un edificio. El posible suicida se pone al teléfono. Todo le ha ido mal, no tiene empleo, perdió sus ahorros. El psiquiatra le dice que tiene una hermosa familia, pero los hijos piden que se tire. El psiquiatra le dice que tiene una bella esposa… adivinamos el final, percance que nos ocurrirá durante todo el resto de la obra: la mujer del posible suicida es quien está fornicando con el psiquiatra. Un hombre es violado por un rotweiller y se presenta a reclamar a la dueña del animal; ella le ofrece dinero y hasta sus favores sexuales como compensación; pero el hombre pretende el amor del perro. Llega, inevitablemente, la escena en la que el padre que va a atenderse a una casa de masajes y encuentra allí a su hija; más tarde desfilan incestuosos, necrófilos, zoófilos. No hay extravagancia de conducta íntima, rareza o crueldad que no aparezca, al punto que los esquicios parecen una continuación de «Cambalache» de Discépolo, escrita con el tratado sobre Psychopatia sexualis de Kraft Ebbing a la vista.

El carácter maquinal de las anécdotas conspira contra su interés. Schmidt tiene, cada vez menos frecuentemente, agudezas verbales; pero el ingenio premeditado tiene límites que el autor ya ha sobrepasado y las situaciones, desagradables sin llegar a cómicas, tienen la tristeza de todo humor obligatorio y la impersonalidad de una rutina burocrática. En cuanto a la actuación, el humor que un Antonio Gasalla o un Carlos Perciavalle pueden extraer de textos semejantes es inalcanzable para el elenco, que agrava sus carencias con voces muy altas que ignoran que el secreto del humor está en los matices y los súbitos cambios de volumen y temperatura. Pese a todo, hay que decir que la obra, hasta ahora, es un éxito de público.

«Lugares comunes» de Gustavo Escanlar es un monólogo donde el actor Sergio Chaparro encarna al protagonista, encargado de contarnos la historia de la vida de un barrio de imaginación. El inconveniente principal es, precisamente, que se narra la historia de un barrio, sin que ocurra nada en la escena.

Escuchamos un cuento, que podría haberse leído, sin actuación, con un efecto similar.

El cuento tuvo para nosotros muy poco interés: no llegamos a ver ningún personaje, tampoco ningún drama; la comedia de costumbres pareció agobiada, justamente, por lugares comunes.

Sergio Chaparro puso energía, buena voz, mímica y movimientos: en todos estos aspectos mostró cualidades y también límites, a los que llegó muy pronto. Fue excedido por la exigencia de un monólogo con la extensión de una obra de teatro corriente.

PATE DE FUA, sobre textos de Fernando Schmidt, con Juan Manuel Ruiz, Juan Serra, Sharon Laroz, Valeria Mendieta, Pablo Robles, Javier Mazza y Christian Zagia. Vestuario de Ana Arrrospide, banda sonora de Javier Mazza, dirección de Marcelino Duffau. En Teatro del Mercado.

 

 LUGARES COMUNES, de Gustavo Escanlar, con actuación de Sergio Chaparro, iluminación de Alberto Laxague y dirección de Carlos Muñoz. En Teatro de Mercado.

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