XXX

Nuevo espía contra nuevos rusos

RAUL FORLAN LAMARQUE

 

No lo es precisamente por la generación que describió Douglas Coupland en su novela Generación X, sino por la destreza y la capacidad de riesgo que demuestra como astro de los deportes extremos. Lleva un tatuaje con tres enormes X en el cuello y, rapado a cero, se trata de un chico salvaje que vive de delitos menores. Su vida, pues, rodeada de una tribu con ropajes entre rocker y surfer, es decididamente una fiesta permanente.

Inesperadamente todo cambia con la aparición de Gibbons (un correcto Samuel L. Jackson como agente secreto) que secuestrará al individuo, testeará sus aptitudes físicas y psicólogicas, lo pondrá en situaciones límite y, por supuesto, este James Bond con el carisma de un individuo recio y ganador, arrogante y alocado pasará con creces las pruebas de marras.

Xander es el indicado para continuar la operación en Hungría: desmantelar a un grupo de rusos, ex miembros del ejército que se hacen llamar Anarquía 99, y que desde luego, bajo el liderazgo de Yorgi (Marton Csakos) vaya novedad, quieren volar el mundo o lo que pueden con temibles armas bioquímicas.

XXX, de Rob Cohen, no es otra cosa que una variación del clásico de Ian Fleming James Bond con estética roquera, jeans rotos, montaje rapidísimo, acción por doquier que nunca decae, efectos especiales impecables y un Vin Diesel que, ya con su personaje infiltrado en Praga, se montará a automóviles, motocicletas, además de utilizar paracaídas con tabla de surf incluida que lo harán a viajar a velocidad crucero por terreno nevado y escarpado, mientras deliberadamente provoca un alud. Es más veloz que dicha avalancha que arrasa con todo, incluyendo la torre de comunicaciones del enemigo y a sus sicarios.

Vin Diesel cumple con la noción de transformarse en el nuevo héroe estadounidense, ciudadano común, que puede salvar a la humanidad de los locos que pululan en este mundo. Pero el actor tiene resortes expresivos y un carisma que debería aprovechar en proyectos cinematográficos de mayor calado y espesor temático. Asia Argento, una niña que embellece literalmente cada cuadro en que aparece con su acento ruso. Samuel L. Jackson, especie de Scarface como lo apoda X, aplica el método y sale airoso sin mayores preocupaciones como el instructor y mentor de X. El final abierto, pues, indica que tal vez haya una segunda parte para esta suerte de 007 con banda sonora roquera, rapper y metálica.

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