LA PREMISA DE LA TV URUGUAYA ES BAJAR LOS COSTOS

¿Dónde está la otra pantalla?

¿

¿Por qué nuestra televisión abierta va sustituyendo programas que generan ideas por sorteos de cacerolas y premios poco consoladores? Porque son más baratos y hay que bajar los costos.

¿Por qué nuestra televisión abierta insiste en que los noticieros se parezcan tanto unos a otros? Porque están persuadidas de que es más barato y la idea es bajar los costos. Ah, pero atención, ya que aquí hay un matiz: los empresarios  no los periodistas que intentan hacerlos con la mayor dignidad posible  creen que ésta es la forma como la gente quiere ver los noticieros.

Y entramos en materia. ¿Es el público el que pide «Juana la virgen», «Pasapalabra» y los noticieros calcados? ¿O son las televisoras las que han ido creando ese hábito entre los televidentes a fuerza de tanto repetir las fórmulas? Lector, ya le adelanté mi opinión en la columna de la semana pasada.

Hay algo, no obstante, que legitima la actitud de las televisoras privadas, aunque no justifique sus criterios ni sus procedimientos: son empresas comerciales que tienen un natural interés de lucro.

No están necesariamente pensadas para respetar eso que los profesionales llamamos «el bien común» o también «el bienestar social».

De todos modos, tales empresas, aun manteniendo al aire lo que uno considera burdo y chato  porque insisten en que «tiene su público»  bien podrían armar una oferta más variada para interesar a otra gente y contribuir, al menos parcialmente, a mejorar el nivel general.

Pero mientras aguardamos por el milagro de un cambio de actitud de tamaña trascendencia, ¿qué podría obligar a que cambie la monótona y desestimulante realidad actual?

¿Que el país salga de su crisis económica y estas empresas, como otras, se beneficien de la revitalización del mercado? Tal vez, pero no es seguro. ¿Que haya una competencia real  no ficticia  entre las televisoras? Ah, eso es más probable aunque tampoco no da una certeza absoluta.

Entonces, ¿a qué apostamos mientras tanto?

En primer lugar, a forzar una democratización del cable y las emisiones satelitales: abonos más accesibles para llegar a más hogares y una mejor calidad de las programaciones.

Por fortuna, hay empresarios emprendedores que ya están trabajando para enriquecer esas ofertas, pensando sobre todo en producciones nacionales que respeten la creatividad de los profesionales uruguayos tanto como la libertad de información y el derecho de los ciudadanos a estar debidamente informados.

Y luego hay que aportar a la televisión pública, que, a diferencia de la privada, debe operar con arreglo al interés de los contribuyentes: aquel «bien común» o «bienestar social» del que hablé antes.

Aquí se están haciendo esfuerzos respetables por mejorar la televisión pública.

Pero su perfil socialmente útil y, por cierto, sin duda necesario sólo será posible si nos convencemos  y sobre todo se convence el poder político  de que esa pantalla debe ser del Estado y no de los gobiernos de turno, como ha ocurrido hasta ahora. La diferencia será sustancial.

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje