Vampiros contra vampiros

 

¿Vampiros contra vampiros en una guerra terminal? Blade, caracterizado por Wesley Snipes, quien últimamente decidió malgastar su talento en una estructura de cine de entertainment menor (a tal punto que ya son lejanos aquellos formidables tiempos en que actuó para cineastas de alto rango como Spike Lee), ese cazador inmutable e implacable mitad humano, mitad vampiro, ¿qué rol podrá desplegar si sorprendentemente los propios vampiros vienen a solicitarle respaldo contra una variación de nuevos, viejos vampiros que están devastando a quien se le ponga delante? ¿Cómo actuar en unidad contra esa versión de Nosferatus –su modus operandi letal fotocopiado literalmente de Alien– que acecha ferozmente tanto a sus iguales como a los humanos?

Blade II, del persistente Guillermo Del Toro, responde entonces a esa estética de cómic que, en la primera adaptación de la célebre tira de Marvel, había obtenido un villano de envergadura y a la vez carismático compuesto por Stephen Dorff y que se llevó los mejores créditos. En rigor, cumple con los clisés del género, con una variación de la anécdota que en principio se presenta interesante –vampiros batallando contra vampiros–, pero que se diluye meramente en una lucha entre el bien (Blade/Snipes con su mortal espada) y el mal, los villanos vampiros con pálidísimas cabezas de skinheads.

No hay mucho más en Blade II. Efectos visuales y sonoros solventísimos, acertada fotografía fatigada especialmente en las intensas confrontaciones en los subsuelos de la ciudad, buena utilización de los espacios vacíos y un fluido manejo de la narración, pese a las debilidades del guión.

Por allí está Kris Kristoferson, como un viejo hippie reventado que reaparece como un muerto viviente en esta segunda parte para respaldar al antihéroe; Ron Perlman, como un vampiro del squad que lidera Blade, usando toda su fina ironía para componer su personaje cascarrabias, una miniatura de solvencia expresiva dentro del videogame que viene a ser la película. Leonor Alvarez, una vamp que transcurre como un mero decorado. Y Snipes, haciendo gala de su destreza atlética. Y es suficiente. Los teengaers van a disfrutarla, pero habría que pedirle a Snipes produccciones de mayor vuelo, aunque ya parece no interesarle. Ahora se dedica al pasatiempo. *

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