Tristezas colectivas, alegrías individuales
Dos muestras colectivas así lo demuestran, ostensiblemente marcadas por la banalización y mercantilización de la producción artística. La III Bienal del Objeto Artesanal no se diferencia mucho de Hecho Acá, la inefable muestra que cada año recala en el LATU a impulsos de Mercedes Menafra. Ambas apuestan hacia una benévola intención de ayudar a los sectores artesanales para sortear la crisis. Con la diferencia sustancial que en la primera intervienen, coordinan, participan y colaboran en la organización personas con antecedentes respetables que se hace extensivo a los jurados de selección y premiación. Es cierto que las dos primeras ediciones de la Bienal fueron desalentadoras y acaso era mejor postergar el encuentro sine die hasta esperar un cambio cualitativo en el terrero de las artesanías que ha ido descendiendo y adoptando una actividad más orientada hacia las manualidades. La reducción numérica sucesiva (118 talleres en la primera, 88 en la segunda, 60 en la actual) es indicativa de la pérdida de interés creador. En un momento en que escasean los llamados a los artistas visuales, mejor pertrechados en su imaginación, era mas sensato haber realizado el Salón Municipal que otra vez, se escamotea a la cultura nacional.
Se optó por las artesanías. Los resultados, aunque parte muy implicada opine y escriba lo contrario, es decepcionante. O quizá no, pues era ilusorio esperar elementos positivos en un rubro que, precisamente, no se distingue, por ahora, en tenerlos. Es cierto que el sector de cerámica es el más atendible, aquel que mantiene un nivel profesional honorable, pero no hay rastros de investigación de materiales, riesgo formal o innovación conceptual. Los demás sectores (madera, metales, orfebrería, vidrio, papel, técnica mixta) circulan por lo estrafalario y caprichoso, la arbitrariedad sin inventiva, la fantasía adherida al kitsch. Es sorprendente que Nilda Echenique (sobria, aunque tiene mejor), Alejandra del Castillo, Sergio Meirana y Andrea Finkelstein, que han demostrado una fresca imaginación en muestras unipersonales, aquí aparezcan con mediocres trabajos, como si se empeñaran en destruir aquellos lustrosos antecedentes. En cambio, son de destacar las piezas hechas con caracoles de Sebastián Manuele y Miguel Zerebny, seductoras en su rítmica sencillez y a un paso, si se atrevieran a una escala monumental, de la auténtica creación.
Lo mejor son las demostraciones prácticas de los talleres y lo negativo es la enorme asistencia de público que como en Hecho Acá, supone que se enfrenta a obras estimables, habituándose a la vulgaridad comercial. El catálogo es de lectura farragosa en su abigarrada, compacta diagramación.
Otra penosa incursión colectiva es la I muestra de promoción cultural de jóvenes artistas plásticos en el exterior inaugurada en el Palacio Santos. Una convocatoria nacional con la promesa de exhibir sus obras en el exterior (aunque parece dudoso) y la adquisición de diez obras (no precisamente las mejores) a 250 dólares cada una, cuyo destino es una incógnita (quizá las embajadas uruguayas, la pinacoteca en Washington o una itinerancia pueblerina). Sin asesores artísticos (hay que recordar que la cultura no es un gasto sino una inversión necesaria) que organicen las exposiciones (y de paso ilustren a embajadores y agregados culturales) el Ministerio de Relaciones Exteriores corre el riesgo de convertirse, en el terreno cultural, en el refugio de la mediocridad y la improvisación dependiente del auxilio o apoyo ajeno más o menos gratuito que aunque bien intencionado carece del rigor profesional necesario acorde al alto rango ministerial. La muestra es patética en su presentación por la sala Figari y el entorno del patio colonial. De ninguna manera representa a los jóvenes nacionales y los talentos que existen en esta exposición (en muy poca medida) fueron soslayados en la premiación. Los recursos ministeriales existen pero hay que saber administrarlos y distribuirlos convenientemente. La vergonzosa hojita que oficia de catálogo (ninguna comisión de fomento barrial osaría publicar), es demostrativa del paupérrimo criterio que sobrevuela en estos emprendimientos en una secretaría de Estado que debiera vigilar con mayor cuidado la actividad artística. Es preferible no hacer nada a realizar muestras con tanta torpeza y flojísimo nivel. No le sirve al ministerio ni al país. Hay que pensar en la responsabilidad cívica de las artes y la educación popular.
Dos talentos para estimar
Por el contrario, dos muestras individuales levantan el ánimo y neutralizan los desaguisados oficiales.
El talento de Juliana Rosales se manifestó en la Sala Menor del Centro Municipal de Exposiciones resistiendo el embate de una triste bienal. Con un dominio absoluto de los medios técnicos supo instrumentar en una instalación digital y sonora, una poética interactiva como pocos colegas son capaces de llevar a cabo.
Por su parte Luis Alonso, desde el Instituto Goethe, recorre el desamparo edilicio de un Montevideo que fue (fábricas de productos tradicionales incorporados a la memoria colectiva) y una mirada implacable registra los pormenores (hay una foto despojada donde se notan las mínimas presencias por el suelo) levanta hasta el símbolo la situación del país actual.
Es una lástima el enmarcado que debió prolongar en el paspartú y la varilla la tonalidad gris y no el marrón que se eligió.
Inauguraciones de la semana
Hoy lunes, a las 19.00 horas, se inauguran dos exposiciones. En el Centro Cultural MEC, San José 1116, una retrospectiva de Jorge Damiani, figura mayor de la pintura uruguaya actual. Son obras que recogen cinco décadas de producción, entre 1958 y 2000. El espacio no posibilita el despliegue de muchas obras y quizá una antología hubiera sido preferible y más acorde con las intenciones del artista, que ha sido regularmente revisitado bajo diferentes ángulos. Se editó un catálogo a la manera del MEC.
Quince grabados (serigrafías) de Andy Warhol se presentarán también a partir de hoy en el Shopping Punta Carretas por la Fundación Banco de Boston en una exposición itinerante por varios países. Se trata de una producción menor del célebre artista que cambió el rumbo del arte contemporáneo en varios aspectos. *
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