¿Dónde estás tú?
Varias generaciones de niños y adolescentes, y hasta algún colado adulto, han disfrutado de las peripecias de Scooby Doo y su grupo de amigos estrafalarios, irrepetibles, detectives de golpe y porrazo que ciertamente resolvían los casos o misterios por acumulación de equívocos.
Scooby es el perro más entrañable que haya gestado la cultura de la animación, ese sabueso que enloquece con el humeante olor de las hamburguesas. El dibujo animado es, factiblemente, uno de los mayores logros de Hannah & Barbera.
Lo cierto es que esta versión cinematográfica de Scooby Doo, dirigida por Raja Gosnell, le otorga una espléndida carnalidad a los personajes de la tira animada: Fred, el galán arrogante que siempre se lleva todos los créditos (Freddie Prinze Jr.); Daphne, la barbarella que seduce a todos con su figura (Sarah Michelle Gellar); Vilma, la nerd cerebral que finalmente soluciona prácticamente todos los casos y ama en secreto a Fred (toda una revelación, Linda Cardinelli); Shaggy (un radiante Matthew Lillard, al que muchos recordarán por ser uno de los asesinos de Scream) y el perro Scooby, en este caso digitalizado.
En la película la troupe más popular de la ciudad, como en los buenos matrimonios o en las buenas bandas de rock, se ha desmembrado con fuertes críticas que apuntan sobre todo a Fred y a Daphne. Dos años más tarde, sin embargo, todo el grupejo recibe individualmente la invitación a concurrir a Spooky Island, y pese a los reparos, sienten que la química entre ellos permanece intacta: se trata de un inmenso parque de diversiones de connotaciones siniestras dirigido por un lunático Mister Bean que los convoca para investigar qué le ocurre a la mayoría de los visitantes del parque, en especial a los jóvenes. El personaje es el aparente sospechoso o villano en las primeras especulaciones. ¿Lo será? El actor británico, pues, cumple sus partes con ese aire entre tonto y alucinado que es su marca de fábrica.
Scooby Doo, el filme, posee méritos varios que engancharán especialmente a la audiencia más pequeña y a los púberes: los efectos visuales y sonoros son magníficos y repotencian los climas del relato; las escenografías emergen respetuosas de los tonos que posee la tira animada, además de poseer lujos de vestuario y un guión que respeta el andar y el carácter de los protagonistas que recuperan el sentido lúdico y –asimismo– un humor de golpe y porrazo, con pretensiones zafadas y levemente paródico que evidentemente atrapa a los espectadores.
No hay un orden y un método en el fluir detectivesco del grupo, y esa condición asincrónica, que tiene mucho de casualidad para atar cabos o seguir pistas, viene a ser el condimento de estas criaturas fundadas por la creatividad formidable de Hannah & Barbera.
Lo mejor del filme: ese aire deliberadamente caricaturesco que empapa a los personajes y a todas la galería de villanos que se esconden en los interiores oscuros de Spooky Island y la forma en que el elenco se adosa a esa condición formal con evidente solvencia. Puede verse y reírse con ganas. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad